Manuel Jabois: “Soy más listo sabiendo lo que no puedo hacer que lo que puedo hacer”

MI AÑO FAVORITO / El periodista y escritor español participó en el podcast con Dani Rovira y Arturo González-Campos para repasar su vida a partir de una fecha importante para él: 1997. El autor de la novela 'Mirafiori' desveló por qué no terminó las dos carreras universitarias que empezó y qué lo llevó a dedicarse a la escritura
El periodista y escritor español Manuel Jabois. /Foto cortesía Alfaguara - Jairo Vargas
WINSTON MANRIQUE SABOGAL  28/02/2024

Un año largo estuvo Manuel Jabois diciendo a sus padres que iba a la universidad a estudiar Derecho y luego Filología Hispánica, cuando la verdad es que no sabía qué hacer con su vida y se refugiaba en la biblioteca pública de Pontevedra a leer y a pensar sobre la vida, el amor, la amistad y otros asuntos que lo desvelaban. Ese periodo sabático-existencial lo empezó con 18 años, y duró entre 1996 y 1998. De allí salió con la convicción de que quería escribir. Casi cuarenta años después es uno de los periodistas españoles más reconocidos, multifacéticos, prolíficos y omnipresentes en prensa, radio, televisión y redes sociales. Su carrera como escritor empieza a consolidarse con Mirafiori (Alfaguara), su cuarta novela, y la tercera de este ciclo con la editorial del grupo Penguin Random House.

Manuel Jabois (Pontevedra, 1978) fue el invitado al podcast en vivo Mi año favorito, de Dani Rovira y Arturo González-Campos, realizado en la sala de Ámbito Cultural Callao, de El Corte Inglés, de Madrid. La fecha elegida por el periodista y escritor español fue 1997. Entre confesiones, anécdotas, risas, chascarrillos y reflexiones, Jabois evocó así aquel año decisivo en su vida:

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tan bien leer como antes; ya no se me da tan bien empezar un libro y acabarlo. Con 15 o 16 años me lo ventilaba todo. Tenía una capacidad de concentración mejor. Ahora me da un tic asqueroso que es leer intentado saber cómo escribe ese autor y aprender. He perdido la capacidad de entretenimiento.

Me he convertido en un lector fragmentario, porque también soy lector de periódicos, revistas, internet, y los libros… 40 páginas de uno, 60 de otro… A veces te atrapan, a veces no, leo mucho, pero leo mal.

Me marcaron varios libros en la infancia. Hay uno de cuando era muy pequeño: Vocación de repartidor, de Camilo José Cela. Era una historia de bullying terrible. Uno de los grandes libros de mi infancia fue Elvis Karlsson, de Maria Gripe. Hablaba de un niño que tenía problemas en casa y su abuelo era como muy libertario y escupía en el fregadero, me quedé con eso. Con 40 años escribí una novela, Malaherba, la primera de este ciclo con Alfaguara, donde el amigo del protagonista se llama Elvis, y el protagonista se llama Tamburino. Y le decía, ¿te llamas Tamburino por Mister Tamburino, de Bob Dylan? “¡No, no!, por la de Franco Battiato”, contestaba el niño. Y, entonces, preguntaba: ¿Y tú, te llamas Elvis, por Elvis Presley? “¡No, no, por Elvis Karlsson”, contestaba. Recuerdo un libro con el que lloré muchísimo, Mi amiga Flicka, de Mary O’Hara, donde muere un caballo.

Elegí como mi año favorito 1997, fue el año más decisivo de mi vida. Porque empecé a estudiar mi carrera de Derecho en 1996. Bien, vivo en Pontevedra con mis padres y voy y vuelvo a la facultad en Santiago en autobús porque mis padres no me dejaron ir a vivir a Santiago con mis amigos. La primera parte del 97 dejo la carrera, pero a espaldas de mi familia. Bajo a la calle, como siempre, a coger el autobús, veo que mis padres desaparecen a la vuelta de la esquina y yo regreso a casa y me meto en la cama. Luego empiezo a pasar miedo de que regresen y me vean en casa. Entonces, lo que hago es encerrarme en la biblioteca pública de Pontevedra. Tengo siete u ocho horas muertas. Y no hay nada mejor que tener horas muertas en una biblioteca. Tampoco tenía otra opción que leer la biografía de Hemingway, leer Manhattan transfer, leer los periódicos, las revistas… Pasé así el semestre.

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Le dije a mis padres que no quería seguir haciendo Derecho. Me preguntaron por qué. Les dije que quería ser escritor. “Pues te vas a estudiar Filología hispánica”, dijeron. Y no llegué a ir ni un día. En esa segunda oportunidad que deseché me di cuenta de que no tenía la cabeza para estudiar. Volví a hacer eso de fingir que me subía a un autobús.

1997 fue un año en el que no estudiaba, no trabajaba; por lo tanto, no tenía ningún futuro por delante. Tampoco sabía escribir. A mí no se me posó ningún ángel. Había un vacío debajo de mis pies, un vértigo impresionante. No sé si ese año se estrenó Martín hache que veíamos con un amigo. Yo tenía mi primera novia, la acompañaba a su casa y regresaba dando patadas a las piedras imaginándome un deslumbrante futuro como escritor de cuentos o de novelas. Era mi único oficio, acompañar a mi novia a casa.

Mi familia no sabía nada de que yo estaba en ese lugar. Mi vida estaba en un punto ciego. Ahora, recuerdo ese año con muchísima nostalgia, porque no tenía miedo. Ahora me dedico a algo y me puedo quedar en el paro cinco años sin poder ejercer mi oficio, pero tengo un oficio. Entonces no sabía absolutamente nada, no sabía ni hacer un café. Mis padres no sabían nada, pero yo sí sabía que ya no iba a volver a estudiar. Ese fue mi año, el año en que no tenía ni puñetera idea qué iba a pasar conmigo.

Ahora lo veo y digo: qué vértigo, que terror; pero, entonces, estaba tranquilísimo. Yo era un niño con mucho miedo a mis padres. Y vivía en casa de mis padres y tenía una paga de mis padres y tenía una hora de llegada a casa de mis padres; no estaba todo el rato por ahí, ni llegaba a las seis de la mañana, ni había probado los porros. Era un tipo que estaba dándole muchísimas vueltas a todo, a conceptos como el amor, como la amistad, como la familia, porque leía mucho por las mañanas a escondidas en la biblioteca. De alguna manera, se fue ordenando un universo dentro de mí. Pero ese universo no me tenía a mí dentro como un poblador. No sabía qué hacer conmigo ese universo. Se había conformado un universo que a mí me estaba empezando a gustar, pero yo no tenía ningún sitio en él, porque no sabía lo que tenía que hacer ahí. Recuerdo que tenía mucho insomnio”.

Manuel Jabois empezó, pronto, a trabajar en el Diario de Pontevedra. En 2003 ganó el XXIV Premio Nacional de Periodismo Julio Camba. Años después llegó a Madrid a trabajar en el periódico El Mundo y, desde, 2015 lo hace en El País, colabora en otros medios como la Cadena SER y Televisión Española. Y, desde 2019, va conquistando su sueño de ser escritor con las novelas Malaherba, Miss Marte y Mirafiori. Allí el amor y la amistad ocupan un lugar importante.

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