Julia y Emilio Gutiérrez Caba: “Los personajes forman parte de nuestra vida”

MI VIDA EN PELÍCULAS... Con dos hermanos de una de las familias artísticas con más solera de España. Varias generaciones han crecido con ellos en el teatro, la televisión y el cine. En este ciclo comparten lo que significa vivir desde niños en el mundo de la actuación y sus reflexiones sobre esta profesión
Julia y Emilio Gutiérrez Caba al recibir el Premio Feroz de Honor 2020.
LUIS MANRIQUE RIVAS  16/06/2023

2001 fue un año brillante e inolvidable para los hermanos Julia y Emilio Gutiérrez Caba: un reconocimiento a su adn de la gran actuación, ganaron los premios Goya a la Mejor actriz y actor de reparto en las películas: You’re the One (Una historia de entonces) y La comunidad. Dos personas venidas del teatro, pertenecientes a una de las familias artísticas con más solera de España, que aman, por igual, subirse a un escenario que ponerse delante de una cámara de televisión o de todo el despliegue del cine. “Nosotros somos actores y lo que hacemos es acoplarnos”, dice Julia Gutiérrez Caba, mientras su hermano asiente con la cabeza.

Más de sesenta años (setenta en el caso de la actriz) avalan sus trayectorias de las que han vivido toda la vida. Han protagonizado momentos de esplendor teatral, de actuaciones televisivas y del cine español desde los años sesenta. Sus rostros han acompañado a varias generaciones con películas, sobre todo en el caso de Emilio, que ha rodado más cine como La caza, Las bicicletas son para el verano, La comunidadPalmeras en la nieve; en el caso de Julia con títulos como A las cinco de la tarde, Nunca pasa nada, Doña perfecta o Los ojos de Julia. Y ambos han llegado a las nuevas generaciones: ella con la reposición de la serie Los Serrano y él con la miniserie La templanza.

Un mundo que los dos reconstruyeron en el ciclo Mi vida en películas, de Ámbito Cultural, de El Corte Inglés, presentado por Andrea Gutiérrez Bermejo, redactora jefa de la revista Cinemanía y colaboradora de Historia de nuestro cine (RTVE). Una conversación que dejó varios episodios de su vida en el cine que se puede ver en el siguiente vídeo y que recogemos en estos episodios:

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Cómo vivir el teatro en una familia de actores
Julia: El teatro era la vida para nosotros, no solo porque nos alimentaba, sino porque no nos parecía extraño que nuestros padres se disfrazaran para salir a trabajar. Era normal.

Emilio: Sobre interpretación se hablaba poco, era como la vida.

Julia: Veo que hay familias en donde se dicen “Qué bien has hecho esa escena”. A nosotros, nuestros padres no nos lo dijeron jamás. Una vez mi madre me dijo: “Hablas demasiado de prisa”. Y tenía razón. Nosotros empezamos desde muy abajo, nunca hubo enseñanza.

 

El descubrimiento del cine
Julia: Iba al cine con mi hermana Irene desde los 6 años. Creo que la primera película que vi fue Volando hacia Rio de Janeiro. Nos llevaba mi abuelo, una de las personas que más he querido y llorado.

Emilio: A los cines de Gran Vía, que eran de estreno y más caros, me llevaba mi tía Julia, que era actriz. A los cines de reestreno y sesión doble iba yo. Un día, en una sesión doble, vi Fort Apache (dirigida por John Ford), no me gustaba que murieran los que creía buenos, en esa época los malos eran los indios, y me sorprendió que muriera Henry Fonda. Así que me quedé a la siguiente sesión para ver si cambiaba el final, pero él seguía muriendo, y John Wayne se salvaba.

 

Vocación
Emilio: Mi hermana Irene era la más vocacional. A Julia no le gustaba nada.

Julia: A mí me daba un miedo atroz el escenario. Creía que no podía salir a un escenario donde había trabajado toda mi familia y habían todos quedado muy bien, y yo lo iba a estropear. Le tenía terror.

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El camino en el cine
Julia: El cine no estaba a nuestro alcance. No había castings como ahora. No he hecho mucho cine porque el cine no me ha necesitado. Yo no he llamado al cine nunca.

Emilio: El cine estuvo a mi alcance antes de lo que imaginaba. Mi primer contrato fue a los 16 o 17 años, cuando terminé el bachillerato elemental. Mi madre había fallecido. Tenía que elegir el bachillerato superior y quería hacer Letras, pero mi padre dijo que Ciencias, y que si quería Letras, tenía que ponerme a trabajar. Y me puse a trabajar en un laboratorio de cine donde revelaba películas. Por ejemplo, hicimos una tirada corta de Viridiana. Cuando el Vaticano la excomulgó, María Luisa Sanjosé, que positivó parte de esas copias conmigo, me preguntó muy alarmada si creía que a nosotros también nos iban a excomulgar. Le dije eso escapaba de nuestras manos.

También estuve en el corte de la censura a la Dolce Vita.

Luego, como intérprete, es otra cosa. En el año 63 yo ya había hecho teatro. Había hecho una obra con Lilí Murati y Peter Pan en el teatro María Guerrero. Entonces me llamó un señor y me dijo si podía ir al día siguiente y firmar un contrato, porque querían hacer conmigo una película. Eran doce sesiones y fue para Como dos gotas de agua.

 

El paso a la televisión
Emilio: Los años sesenta es una época muy buena para nosotros. Luego la televisión despega y con ella despegamos nosotros. Y, sobre todo, tenemos una formación teatral y dramática muy buena.

Julia: No hay que olvidar que la televisión era en directo. Y cuando empezó a grabarse se grababa por bloques de media hora. Con lo cual los actores de teatro teníamos costumbre de hacer actos largos.

Emilio: Ser un rostro del nuevo cine español fue un cúmulo de casualidades.

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Aplausos
Julia: La gente no se da cuenta que el teatro es un hecho único que se produce en ese momento y que no se va a repetir de igual, ¡nunca! Porque el público no es el mismo, porque tú no vas a estar en el mismo estado de ánimo. Eso me parece fascinante. Lo que tiene de efímero el teatro es como es la vida. No sé si la gente de ahora valora todo esto del cine y la televisión y el teatro. Una cosa es que te hagas popular, y otra cosa que lo que estás haciendo lo estés haciendo bien y sabiendo lo que haces. Y eso nosotros lo notamos como público.

 

Personajes favoritos
Emilio: He hecho muchos personajes que me han gustado, como Hamlet para televisión, o don Diego en El sí de las niñas para el teatro, o el personaje de La mujer de negro. En el cine, Nueve cartas a Berta, o La comunidad, hay muchos.

No te puedes quedar con uno solo. Forman parte de tu vida. Les has dado cuerpo, voz, y cuando los dejas de hacer, al menos en teatro, sientes una gran nostalgia al día siguiente. Los personajes, para nosotros, forman parte de nuestra vida.

Julia: Antes que personajes, prefiero momentos determinados del teatro que para mí son mágicos. Momentos en que te sientes un poco la reina del universo, como por encima de todo lo que puedas imaginar. En esos momentos hay algo inalcanzable que has alcanzado.

 

La vida o el cine
Julia: La vida antes que la profesión, con rotundidad.

Emilio: Reconozco que he perdido buenas oportunidades debido a mi desenfrenada ansia de apasionamiento. Sea porque estuviera viviendo o finalizando una historia de amor. Por ejemplo, dejé dos cosas de teatro para que aquella cosa no se acabara. Era haber empezado en la Compañía de Teatro Clásico y otra haber trabajado con mi hermana en El jardín de los cerezos.

Julia: Esta profesión es un reflejo de la vida, y en la vida vas aprendiendo un poco de los demás. Esa es tu obligación, casi. Y los grandes actores pueden ser una fuente de energía.

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