Isabel Coixet: “Una de las cosas fundamentales en mi carrera ha sido la inconsciencia”

MI VIDA EN PELÍCULAS Una de los cineastas españoles más internacionales evoca su acercamiento al cine desde niña y da las claves de su trabajo con grandes actores y actrices , sus referencias y el modo de trabajar con éxitos como 'Mi vida sin mí', 'La vida secreta de las palabras' y el documental 'El techo amarillo'
La directora de cine Isabel Coixet. /Foto de Zoe Sala-Cortesía Isabel Coixet
LUIS MANRIQUE RIVAS  31/01/2023

Una de los cineastas españoles más internacionales y la que más ha trabajado con grandes actores del mundo es Isabel Coixet. Debutó en 1989 con un fracaso titulado Demasiado viejo para morir joven. Tardó seis años en volver a hacer una película y, a partir de ahí, todo ha sido cuesta arriba. Ha firmado 26 títulos (entre largometrajes, documentales y películas colectivas y una serie de televisión para HBO). Destacan películas como Cosas que nunca te dije, Mi vida sin mí, La vida secreta de las  palabras, Elegy, Mapa de los sonidos de Tokio, La librería, Elisa y Marcela… Y acaba de estrenar el documental El techo amarillo, nominado a los Goya como Mejor Documental, que trata sobre unas exalumnas del Teatro de Lleida que sufrieron abusos sexuales por parte de sus profesores. Ha servido para reabrir el caso.

Isabel Coixet (San Adrián de Besós, 1960) es la invitada a nuestro ciclo Mi vida en películas, presentado por Andrea Gutiérrez Bermejo, redactora jefa de la revista Cinemanía y colaboradora de Historia de nuestro cine (RTVE) y Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Un encuentro que dejó los siguientes episodios de Isabel Coixet:

 

Descubrimiento del cine

Mi abuela era taquillera de una sala de cine, en Barcelona. Recuerdo el olor a caramelos de menta Darling, recuerdo estar muy pequeña en la butaca, recuerdo un poco el sonido del proyector, recuerdo cuando me preguntaron si quería subir a la cabina de proyección. Me enseñaron y yo pensaba: esto es mágico. Para mí el cine es ir a un cine.

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Padres cinéfilos

Mis padres eran amantes del cine. Recuerdo programas dobles completamente marcianos. Había películas que no entendía, pero me daba igual no entender las cosas. Siempre he pensado que entender las cosas está muy sobrevalorado.

 

Todo es posible

Siempre me preguntaba por qué no puedo hacer yo en Barcelona una película en inglés y que suceda después de la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra o en Japón. Para mí era completamente posible hacer cine en inglés. Una de las cosas fundamentales en mi carrera ha sido la inconsciencia. La idea de pensar que todo es posible.

 

La escuela de la publicidad

Aprendí mucho en la agencia de publicidad donde empecé a trabajar. Allí participé en el rodaje de varios spots, trabajé, por ejemplo, con John Alcott, uno de los directores de fotografía de Kubrick en películas como Barry Lyndon (Oscar a Mejor Fotografía 1975), o como 2001: una odisea del espacio. No le dirigí la palabra de puros nervios, no le pregunté nada. Tuve la oportunidad de trabajar con grandes directores, quería aprender.

 

Debut

Dirigí mi primera película, Demasiado viejo para morir joven (1989), que fue un fracaso en todos los ámbitos, no le gustó ni a mi familia. Y tarde 6 años en pensar que podía volver a dirigir. Tenía una dicotomía extraña: técnicamente había aprendido mucho, pero no sabía muy bien quién era, era alguien de 26 años, sabía mucho de cine, pero poco de la vida. Cuando hice Cosas que nunca te dije (1996) esos dos conocimientos estaban a la par.

 

Aliada del azar

Me gusta la falta de control en el cine, pero controlo la falta de control. Uno de tus grandes cómplices al hacer una película es el azar, y hay que estar preparado. Tener esa flexibilidad es muy importante. Eso hace que las películas tengan una vida más allá de la vida que tú habías programado para ellas.

 

La clave para dirigir actores

Me gusta trabajar con gente con la que me puedo tomar algo luego, no es amistad, eso es otra cosa. Necesito gente a la que le pueda decir las cosas, que no vaya a causarle un trauma si le digo: ‘Estas ideas que tú tienes están bien para otro personaje, pero no para este’. Buscar que no se ofendan, ser muy pragmático. Hay que saber lo que necesitan los actores.

 

Grandes nombres

Cuando trabajo con grandes nombres pienso que es un privilegio, pero no pienso que he llegado a lo más alto. Yo he trabajado con actores, no con estrellas. Las únicas estrellas con las que he trabajado son Penélope Cruz y Juliette Binoche, pero esta última diría que es una actriz.

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Talento para los títulos

Yo empiezo con el título y el final. El título es casi un estado de ánimo, una declaración de principios más que un título que defina, como La vida secreta de las palabras, Cosas que nunca te dije… Fáciles no son. También hay otros simples. Ahora voy a hacer una película con un título simple que no he cambiado, y la gente que no ha leído la novela de Sara Mesa, Un amor, va a creer que es una novela romántica, un Nothing Hill.

 

Gran lectora

La literatura es fundamental. Para cualquier director de cine de mi generación, y posterior, ha sido capital. Las líneas narrativas te las da la literatura, antes que nada. En mis películas los personajes leen, y si no tienen libro en casa es buscado.

 

La enseñanza de los noes

Estoy más acostumbrada a los noes. Hay que aprender a sortearlos. Hay cosas que son descorazonadoras. Los contratiempos de la vida le van bien a un autor. El hecho de que mi primera película no funcionara me sirvió. Lo bueno cuando la barra está tan baja es que solo podemos ir a mejor. En ese sentido está bien.

 

El sueño de hacer cine

Nunca pensé en ganarme la vida con esto. Pero siempre pensaba que haría cine. No fui a la escuela de cine, soy licenciada en Historia. Tardé mucho en ganarme la vida con el cine. Siempre me asombra que me paguen por hacer algo que me gusta.

 

Directores que son referencia

Pienso en Agnès Barda, por muchas razones, ha sido una pionera, no solo por ser mujer y demás, que también, sino por la perspicacia. Hay muchos directores, el Scorsese de Malas calles, de Taxi Driver, de Toro salvaje. El Coppola de Llueve sobre mi corazón. Muchas cosas del cine japonés me gustan.

 

La obra maestra del cine español

El verdugo,  de Berlanga, es para mí la obra maestra del cine español. La vi de pequeña. Muchas películas españolas me han marcado, toda esa parte de Bardem como Muerte de un ciclista. De Basilio Martín Patino también, hay muchos que han hecho cosas increíbles. Un cineasta como Antonio del Amo, y uno que para mí es un milagro: Berlanga.

 

La comedia, una espina clavada

La comedia es el género más difícil. Es una espina que tengo clavada, me parece que me la tendré que desclavar algún día, o resignarme. Cuando veo El guateque pienso cómo lo hacía este hombre, o lo mismo con cualquier gran comedia del cine.

 

Relevo de directoras

Hay directoras como Alauda Ruiz de Azúa, de Cinco lobitos; Pilar Palomero, Carla Simón, Elena Riera. Tienen muchas cosas que decir, y las están diciendo.

 

Tirar la toalla

Varias veces al día me dan ganas de tirar la toalla. Pero bueno, hay personas que han venido al mundo más de vacaciones que yo. Yo soy de una generación del esfuerzo, donde no te regalan nada. He aprendido a valorar eso.

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