Elvira Roca Barea: “El mundo siempre ha sido Zugarramurdi. El ser humano tiende a la superstición”

La filóloga publica 'Las brujas y el inquisidor', Premio Primavera de Novela 2023, donde recrea los hechos de brujería de la aldea de Zugarramurdi (España a comienzo del siglo XVII). La escritora desmonta las leyendas alrededor de estas personas y rescata la importancia del inquisidor español Alonso de Salazar en un elogio de la razón sobre la superstición
La filóloga y escritora Elvira Roca Barea, ganadora del Premio Primavera de Novela 2023 por 'Las brujas y el inquisidor' (Espasa-Ámbito Cultural). /Foto cortesía editorial Espasa
WINSTON MANRIQUE SABOGAL  24/03/2023

La Inquisición no es la que empieza la persecución contra las brujas y la leyenda a su alrededor que todo el mundo tiene en la cabeza se basa en hechos inciertos. Arrojar luz sobre aquel periodo oscuro fue el reto que se impuso Elvira Roca Barea (El Borge, España, 1966) para su debut en la ficción con Las brujas y el inquisidor (Espasa-Ámbito Cultural), Premio Primavera de Novela 2023. Un elogio de la razón sobre la superstición.

La filóloga y doctora en Literatura Medieval desmonta estereotipos a través de los hechos ocurridos en Zugarramurdi (Navarra – España) a comienzos del siglo XVII. Lo hace recreando la figura de Alonso de Salazar y Frías, el sacerdote e inquisidor español del proceso de Zugarramurdi, entre 1609 y 1610, que dudó de ese mundo de brujería. Aunque no logró salvar la vida de muchas personas acusadas de supercherías sí influyó en que más adelante se pusiera fin a esa locura.

Elvira Roca Barea logra en Las brujas y el inquisidor una novela documentada, con ritmo y clases magistrales de diferentes temas que no afectan el tono ameno de la narración.

La escritora se ha especializado en desbaratar creencias arraigadas e ir a contracorriente del pensamiento establecido en temas históricos. Lo hizo en 2016 con su exitoso ensayo Imperofobia y la leyenda negra y en 2019 con Fracasología. Ahora es el turno de las brujas.

Winston Manrique Sabogal. Con el tema de brujas y brujerías se me vienen a la memoria la obra de Arthur Miller Las brujas de Salem, y de Umberto Eco El nombre de la rosa. ¿Cómo ha tratado la literatura este tema?

Elvira Roca Barea. Ha sido una catástrofe detrás de otra. La gente tiene ideas muy raras o equivocadas sobre las brujas, y la mayoría proceden de libros, el teatro o el cine. La gente proyectó una idea medieval y es algo incierto. Uno encuentra a Umberto Eco quemando brujas cuando esto es muy posterior al Medievo. Es un tema tratado con poco respeto que terminó generando arquetipos e imágenes que cuesta la vida remover, desarraigar.

W. Manrique Sabogal. ¿Cuándo y por qué pensó en escribir sobre este tema?

Elvira Roca Barea. Fue hace unos veinte años cuando leí los trabajos de Gustav Henningsen El abogado de las brujas. Una obra sobre la que hay poco que añadir y se llevaría muchos años de investigación para aportar apenas nada. Me parecía más interesante intentar explicar cómo se ha producido esa distopía donde todo el mundo sabe de Zugarramurdi, pero nadie sabe nada de Alonso de Salazar. Sobre cómo se habían separado esas dos realidades. El personaje de Salazar me fascinó desde que lo conocí.

W. Manrique Sabogal. La idea queda ahí, pero cuándo decide ponerse a escribir en serio.

Elvira Roca Barea. Tenía cosas escritas, pero no encontraba el tono. No podía concentrarlo todo en Salazar. Hasta que encontré como contar, pero no quería que se quedara nada atrás, y que estuviera esta dialéctica de poder entre Francia y España, la muerte de Enrique IV. Era un mosaico con muchas piezas. Además, me costó añadir un personaje femenino, pero que no fuera un florero sino alguien esencial en la historia.

 

 

W. Manrique Sabogal. Está la idea de que la persecución a las brujas se origina cuando la Iglesia empieza a perder influencia y poder en la sociedad.

Elvira Roca Barea. No. La creencia en la brujería es universal, en todo tiempo, cultura y circunstancia. Incluso la Iglesia mantuvo siempre una actitud escéptica y la condenaba por superstición, no porque fuese verdad. Y eso es lo que ocurre desde finales del siglo XV y se multiplica por unos sucesos en el siglo XVI.

Hay tres hechos que provocan todo esto: la llegada a Italia y resto de Europa de nuevos textos desde Constantinopla porque sabios griegos veían evidente su caída. Ellos llegan con textos muy prestigiosos. Pero en la misma riada entran textos herméticos, ahí se produce un salto cuántico en la medida en que se genera un prestigio hacia asuntos que no lo tenían, como la brujería. La gente que está en lo más alto se interesa por la nigromancia, el ocultismo y el hermetismo.

El segundo punto son las guerras de religión con carácter violentísimo. Hay una relación directa entre esos conflictos religiosos virulentos y enconados y la persecución de las brujas.

El tercer factor es la imprenta porque, de repente, se pueden multiplicar grabados por cien, por mil. Y aparecen unos señores genios como los Brueghel, Durero y otros que crearon todo el imaginario que tú tienes en tu cabeza cuando piensas en una bruja.

Juntas todo eso y se echa gasolina a un fueguito que siempre existió. Así se produjo aquella explosión gigantesca de locura e histeria colectiva. Hasta que no se apaciguaron las guerras de religiones no se apaciguaron las persecuciones a la brujería.

W. Manrique Sabogal. ¿Se puede establecer un paralelismo con el presente?

Elvira Roca Barea. El mundo siempre ha sido Zugarramurdi. El ser humano tiende a la superstición, piensa de manera supersticiosa. El pensamiento humano funciona así. Una persona repite algo porque lo repiten veinte o treinta y nadie comprueba nada. Entonces, cuando aparece un señor aburrido como Alonso de Salazar que dice 2 y 2 son cuatro, porque lo comprueba, aunque setenta digan que no. Y ese señor es un coñazo porque estropea la fiesta orgiástica de volamos por encima de los tejados… Esto ha sido siempre así.

Ahora estamos como desconcertados porque, como decía Antonio Escohotado: hemos sido los niños mimados de la Historia. Hemos vivido un momento extraordinario de libertad individual, bienestar material, consolidación de la democracia que ya nos parecía que era para siempre. ¡Mentira! Probablemente hemos vuelto a la normalidad. Probablemente hemos regresado a lo que es normal, a la horda, al vocerío, a Zugarramurdi.

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