Antonio Gamoneda: “La poesía no es literatura. Nace de la oralidad. Es una emanación para poder defendernos del mal”

El poeta español y Premio Miguel de Cervantes participó en una conversación en la sala Callao de Ámbito Cultural, Madrid, de El Corte Inglés, dentro de la programación del Festival Eñe 2023
El poeta español Antonio Gamoneda durante la conversación del Festival Eñe 2023, en la sala Callao, de Ámbito Cultural, Madrid, de El Corte Inglés. Foto de Óscar Carriquí
ÁMBITO CULTURAL  03/11/2023

Antonio Gamoneda reconoce que tiene la manía de buscar amigos entre quienes lo acompañan en sus charlas o recitales. Esas personas que, cuando él habla, crean el silencio para escucharlo con atención y que ríen cuando suelta ironías, mientras sus palabras pausadas siguen de largo como si nada.

El poeta español, de 92  años, ganador del Premio Miguel de Cervantes 2006, nació en Oviedo en 1931, pero vive en León desde los tres años. Fue homenajeado en la XV edición del Festival Eñe, de Madrid, en el Teatro de La abadía y, días después, charló en la sala de Ámbito Cultural, de El Corte Inglés de Callao, Madrid, con los poetas Gonzalo Escarpa y Rafael Saravia.

Una hora de conversación en la que dio una clase magistral, sobre qué es la poesía y para qué sirve. A continuación el vídeo y después la transcripción de lo más destacado:

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“Me preguntan qué es la poesía. Y a quien me la hace le pregunto ¿qué no es poesía? La poesía no es literatura. La poesía no es literatura… La poesía nace en la oralidad, mientras que un ensayo o una novela nacen de la escritura. Es una gran diferencia. Por tanto, me atrevo a decir aquí, pidiendo todos los perdones que hagan falta, incluso a los más grandes académicos, que la poesía no es ningún género literario. He dicho que no es literario. Vamos a hacer una comparación: seguramente no era el homo sapiens, era un erectus con la capacidad torácica de hacer una fonación articulada. Podía hablar, pero no sabía. Un día iba por el campo, encontró un fruto, y, casi sin querer, desde luego sin saber, hizo automáticamente algo más hermoso, más estructurado que sus berridos normales. Dijo, por ejemplo: “Fruto...”. Se sorprendió a sí mismo… Pero reconoció el fruto, y lo identificó con aquella palabra que había estrenado él en el planeta, en el cosmos. Desde entonces, una palabra creó en él el pensamiento. Una palabra creó la realidad intelectual que hasta entonces no existía del fruto.

Sirvió para más todavía. Fue a su cueva, vio a su compañera y dijo: ¡Fruto!... La palabra recién creada empezó a funcionar así, y ha llegado hasta donde la conocemos nosotros aquí. Pero, quizás, la conocemos olvidando un poco que la palabra fue la creadora del pensamiento, no al revés. Recuerden: fruto, reconocimiento del fruto y la realidad intelectual a partir de esa palabra.

La poesía es eso. Por tanto, hay que admitir, yo estoy convencido, de que la poesía nace de la oralidad. Miles de años antes de que existiera la escritura. En lo que se llama protohistoria, la poesía estaba en la voz y en el pensamiento de los seres humanos.

Por eso, me atrevo a decirles a mis amigos académicos, poetas y escritores que por lo que concierne a la poesía no hay ni género literario ni generación de la poesía en la escritura.

Yo escribo poesía, ¡sí! Después de hacerla. Nunca antes como elemento generador.

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El poeta español Antonio Gamoneda durante la conversación del Festival Eñe 2023, en Ámbito Cultural, de El Corte Inglés. /foto de Óscar Carriquí.

 

Ese incomprensible, no del todo, fenómeno que es la poesía, que entiendo que es, que nace en la oralidad, pero la oralidad ya en el primitivo, y en mí también, porque seré primitivo, es una emanación más que un proyecto, más que una teoría expresiva o de comunicación, es una emanación.

La poesía es defensiva. La poesía, dice Juan Carlos Mestre, con palabras insustituibles, es un elemento defensivo frente al mal. La poesía para resistir Auschwitz y para romper Auschwitz.

La poesía es una creación y una actividad necesaria, precisamente, para eso: para poder defendernos del mal. Del mal histórico existencial como son los campos
terribles de exterminio y, también, del mal inmensamente colectivo y, al mismo tiempo, de que somos el único animal sobre la tierra que sabe que va a morir. Tenemos que defendernos de eso.

Todas las definiciones de poesía son ciertas. De la misma manera, la poesía no tiene un solo sentido. Cuando leo un poema mío, escrito hace cincuenta años, no leo el mismo poema. Retrocedo a la oralidad, a la representación mental de la oralidad. Y la escritura ya no me dice lo mismo y yo ya no soy el mismo; mi sistema celular ya no es el mismo, las neuronas por descontado no son las mismas, así que mi lectura es otra.

La poesía es una defensa, un lamento y es una celebración. Es todas estas cosas. El otro día, en La Abadía, yo hablaba de un deber de alegría. A acudir a esa celebración. A que vosotros y vosotras convirtieseis la lectura, o la audición de la poesía, en una celebración. Porque, decía yo, y sigo diciendo aquí, que tenemos, después de lo que he vivido yo, y a vosotros nos os hace ninguna falta, la que llaman guerra civil, aquel disparate sangriento, yo sí la pasé, y las sucesivas posguerras, y mi enseñanza y el primero a quien tengo que convencer es a mí mismo, pero también a vosotros: tenemos un deber de alegría, de ser alegres, de participar en la celebración esta que es poética, de contribuir a la alegría sin olvidar lo que nos hicieron.

Eliot (T. S.) decía, con palabras inamovibles para mí, que en la poesía se dan dos componentes fijos y, al mismo tiempo, indefinibles en su unicidad porque son enormemente complejos: decía que la poesía tiene un componente sensible y un componente inteligible. ¿Qué está diciendo Eliot? Está refiriéndose a la oralidad, porque los componentes sensibles son aquellos que se pueden oír y lo que vamos a oír es algo físico, como es un sonido que mueve no solo en nosotros mismos, sino en la atmósfera partículas invisibles. El componente inteligible se puede llevar a la escritura, pero el componente sensible no. Y el componente sensible está modificando la inteligibilidad del otro componente”.

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