Viggo Mortensen: “Empezar a dirigir tarde, o muy tarde, comparado con otros, fue para mí lo correcto”

MI VIDA EN PELÍCULAS El actor neoyorquino, famoso por su personaje de Aragorn en El señor de los anillos, presenta su segunda película como director: el western Hasta el fin del mundo. En nuestro ciclo habla de las primeras películas que vio, sus inicios en la actuación, qué espera de los actores o por qué unas imágenes de su madre han sido el detonante de sus dos títulos
El actor Viggo Mortensen (Nueva York, 1958).
LUIS MANRIQUE RIVAS  07/06/2024

Viggo Mortensen es tan buen actor como narrador oral. Y lo quiere tanto la cámara como termina queriéndolo la gente que escucha sus anécdotas personales y cinematográficas que, en su caso, son una sola. Ahora continúa ganándose ese cariño como director con su segunda película Hasta el fin del mundo (2024), tras Falling (2020), dos títulos de mirada muy personal.

Famoso por el personaje de Aragorn, de la trilogía de El señor de los anillos, de Peter Jackson (2001, 2002 y 2003), Mortensen (Nueva York, 1958) es mucho más que el héroe de la Tierra Media creada por JRR Tolkien. Es el protagonista de títulos como Alatriste, Promesas del Este, Una historia de violencia, La carretera, Captain Fantastic o Green Book.

Pero no siempre fue así. Tardó unos quince años en encontrar el personaje con el cual pudo empezar a vivir de la actuación. Incluso rodó para Woody Allen y Jonathan Demme, aunque sus escenas fueron eliminadas en el montaje final. Hizo de todo un poco, hasta trabajar en Nueva York en un cine de arte llamado Thalía, donde lo atracaron dos veces.

Todo esto lo compartió con el público de Ámbito Cultural, de El Corte Inglés, en su ciclo Mi vida en películas, del mes de mayo de 2024, en la sala Callao, de Madrid, presentado por Andrea Gutiérrez Bermejo, redactora jefa de la revista Cinemanía y colaboradora de Historia de nuestro cine (RTVE). Un ciclo puesto en marcha por Ámbito Cultural junto a Cinemanía y AISGE.

De ese encuentro surgen los siguientes episodios:

 

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Las primeras películas que vi

De niño, mi madre me llevaba al cine en Buenos Aires. Era en la calle Lavalle, con cines enormes, de más de dos mil espectadores. Yo viví en el campo y también en la capital, y a mi mamá le encantaba ir al cine. A los tres o cinco años no siempre me llevaba a ver películas para niños. Con ella vi, por ejemplo, Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, grandes películas de esos tiempos. Toda su vida fuimos al cine. Cuando ya me fui de casa y volvía a visitarla me decía: Vamos al cine. Y yo: Sí, sí. Siempre hablaba de historias que veíamos. Es como si en otra vida hubiera sido guionista o directora de cine. Se acordaba de los nombres de actores, productores y directores.

 

 

Así debuté como actor

Fue en Único testigo, de Peter Weir, en 1985. Fue una experiencia genial, pero tramposa, porque el día que me ofrecieron ese papel también me ofrecieron una obra de Shakespeare, y eso era todo el verano y un sueldo estable. Le dije a mi agente que, obviamente, iba a hacer el teatro, y él me dijo que no. Fui al rodaje medio enojado. Grabamos una escena y pensé que me iba a Nueva York, pero nos dijeron que teníamos que rodar otra toma desde otro ángulo. En el almuerzo, estábamos con los otros extra en una carpa y entró el director y vino a nuestra mesa, me miró y me dijo: ¿Puedo hablar contigo? Dije que sí. Y me dijo: Afuera. Pensé: uff qué habré hecho. Salimos y me dijo ¿Qué haces las próximas seis semanas? Y pensé: Podía estar haciendo teatro. Pero le contesté: Nada, no tengo nada que hacer. Y me contestó: Si te quieres quedar, estoy pensando en que puedas tener un hermano amish, que compita con Harrison Ford por la atención de la protagonista, Kelly McGillis. Pregunté qué tenía qué hacer. Me dijo: No sé, vas a ser como un testigo de esta competición entre estos dos hombres. ¿Te parece? Le dije: Está bien. Y pregunté: ¿Me dirás lo que tengo que hacer? Dijo: claro, soy el director.

Vi cómo rodaban con una profesionalidad, una tranquilidad, nadie gritaba, terminaban a tiempo, o antes, después podías ver lo que se había rodado ese día. Era todo tan armonioso, que pensé: Esto es genial, mejor que el teatro, quiero hacer cine. Después, tardé casi veinte años en tener una experiencia parecida porque, en general, los rodajes son más estresantes, menos tranquilos. Luego he tenido muchas experiencias parecidas, por suerte.

 

 

El cine es mi vida

Si el cine está ahí tanto tiempo es tu vida. Con El señor de los anillos, al principio, no quería hacerlo cuando supe que requería mucho tiempo. Luego fue más de lo que nos dijeron. Y fue mi hijo quien me convenció de hacer la película porque conocía la historia de Tolkien. Cuando yo leí el guion y el libro, me di cuenta que la base sí la conocía.

 

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Mi sueño de dirigir

Siempre he querido dirigir, pero no lo haría si no tuviera corte final y contrato creativo. Eso no quiere decir que solo lo que pienso yo es lo que vamos a hacer. Al contrario, es un trabajo colectivo, pero el trabajo colectivo de preparar una película, rodarla, montarla y después intentar venderla y promocionarla es un periodo de años. Y es muy largo ese esfuerzo para que, después, la agarre otra persona o un grupo de personas que no saben nada y la estropeen.

Hace como quince años, en un contrato de actor, logré colar que el director tuviera el corte final. En Europa prevalece eso más, porque hay más cine de autor, pero en Estados Unidos, no tanto. Es importante porque, si yo me comprometo a hacer una película con alguien, aunque no esté de acuerdo en cómo rueda o cómo la monta, la idea es ayudar a ese director a hacer el cine que quiere.

 

 

Mis referencias como director

Mi mirada como cineasta la han alimentado muchos directores y directoras de cine, y también fotógrafos, he tenido que trabajar con muchos. He tenido una suerte inusual. Con Cronenberg he trabajado cuatro veces, rueda de una forma maravillosa y eficaz. Jane Campion, Matt Ross, Peter Farrelly que se arriesgó al hacer Green Book, Agustín Díaz Yanes…

 

 

 

Mi vocación como director

Supongo que nació porque siempre me ha interesado el trabajo colectivo. Yo era fotógrafo y escribía antes de intentar ser actor. Creo que desde siempre. La primera vez que intenté con un guion fue en el 94, solo pude encontrar una cuarta parte del presupuesto, pero no era suficiente. Y en esa época fue cuando empecé a trabajar más y más como actor. Después, cuatro o cinco años antes de presentar Falling, decidí intentarlo de nuevo con este guion. Fue complicado, pero me empeñé. En estos treinta años he tenido la suerte de trabajar con buenos fotógrafos, directores, directoras, actores, guionistas y he aprendido mucho en los rodajes. Esa ha sido mi escuela de cine. Si me hubieran dejado hace treinta años, no sé lo que hubiera hecho; habría hecho lo mejor posible, pero he aprendido mucho desde entonces. Así es que empezar tarde, o muy tarde, comparado con otros, para mí fue lo correcto.

 

 

Como director qué espero de los actores

Como director, hay que ser flexible y adaptarse. Cada actor es diferente y cada día el actor es diferente, son seres humanos y tienen sus formas de trabajar y de pensar. Pero sí espero que lleguen sabiendo la letra y con una idea del personaje. En el caso de Vicky Krieps, la protagonista de Hasta el fin del mundo, me gustó, por ejemplo, que trabajó el tema del acento francés de la época, y afinamos eso con un tutor.

 

 

Mi madre como germen de mis películas

El germen de mis películas es una imagen de mi madre. En Falling, sin saber a dónde iba a parar, y en esta, también. En Hasta el fin del mundo es una niña en un bosque de arces y robles que está correteando y soñando, tiene mucha imaginación y es algo traviesa, terca y hace lo que quiere. Ese espíritu independiente de la protagonista tiene que ver mucho con la personalidad de mi madre.

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Hasta el fin del mundo

Los protagonistas en los westerns suelen ser anglosajones casi siempre. En este caso, los dos papeles principales, el de Vicky y el mío, que era anglosajón, pero no mi primer idioma, como era antes y como es ahora. Se oyen diferentes acentos, chino, inglés irlandés y otros. Me parece que enriquece esa diversidad cultural y lingüística.

 

 

Mis guías del western

Río rojo es la mejor actuación de John Wayne, y creo que le empujó Howard Hawkes, pero, sobre todo, Montgomery Clift. No se puede hablar de western sin hablar de John Ford, Jane Campion, que hizo un western muy interesante, Clint Eastwood, Sergio Leone, aunque es diferente.

 

 

Imagino la música antes de rodar

Parece contraintuitivo grabar la música antes de rodar. Supongo que en la mayoría de los casos el compositor recibe la película, la ve y compone en base a lo que ve. Pero en el caso de Falling, como tardé cuatro años en conseguir el presupuesto, empecé a imaginar cómo sería la música. Y me dio resultado, porque durante el rodaje de algunas secuencias, yo ya tenía en mente la música y me ayudó a encontrar el ritmo, el tono. Para la segunda película lo hice aposta, me reuní con un chelista y una violinista, muy buenos músicos. Les enseñé melodías que correspondían más a la época y después pude compartir eso con el director de fotografía, con los actores, con la productora, con el de sonido…