David Trueba: “El problema de la política es que se está convirtiendo en un producto que dentro no tiene nada”

¿Los políticos son peores que el resto de ciudadanos? ¿Es la política un producto de consumo? ¿Todas las personas se dejan manipular por los políticos?
Diana M. Horta  10/12/2021

¿Los políticos son peores que el resto de ciudadanos? ¿Es la política un producto de consumo? ¿Todas las personas se dejan manipular por los políticos? ¿Se parecen los perros a los amos o al revés? ¿Son mejores las reuniones de vecinos que las sesiones del Congreso o del Senado? ¿Tiene España los políticos que se merece? Estas son algunas de las preguntas que se plantea David Trueba en su novela Queridos niños (Anagrama) en la que recrea la trastienda de una campaña política que podría tener una fajita con frases como: “Todo lo que querías saber de los políticos y nadie te lo había contado”; o “Todo lo que creías saber sobre los políticos y era falso”; o, siguiendo la línea cinematográfica de Trueba, en alusión a un título de Woody Allen: “Desmontando al político y sus campañas llenas de prejuicios”.

David Trueba (Madrid, 1969) no solo contesta a estas preguntas en Queridos niños (Anagrama), sino que adelantó conclusiones en el Club de lectura de Ámbito Cultural, de la sala de Callao en Madrid, en una conversación con el escritor Rafael Caunedo, coordinador del Club, y preguntas de los lectores el 18 de noviembre de 2021. Un libro que es, según palabras del autor, “una especie de manual de instrucciones para dar ese paso entre lo que sucede en el escenario y nosotros. Qué hay allí y cómo seríamos nosotros en el escenario”.

Para empezar, varias frases del escritor, guionista y cineasta español en las que se funden su novela y su opinión:

“La política es un producto y en las sociedades de consumo todo es un producto. Pero es importante no convertir esto en un estigma”.

“El problema de la política es que se está convirtiendo en un producto que dentro no tiene nada”.

“Uno de los defectos de la democracia es que no hay unos límites institucionales para el dinero de las campañas que son desiguales y no se fiscalizan rápido”.

“Lo que ha destrozado el país es el odio que inoculan algunas propuestas, el discurso que se cala en la convivencia”.

“Estamos en una maquinaria donde detrás hay muy poca fe en las ideas y mucha fe en los planteamientos estratégicos”.

“España no tiene los políticos que se merecen uno a uno, los españoles merecen un mejor representante. Pero en grupo tenemos lo que nos merecemos”.

“La revolución que necesita la sociedad es la revolución de la honestidad individual”.

David Trueba desentraña en Queridos niños los mecanismos de los asesores políticos y la manera como se gestiona una campaña y cómo todo se basa en el comportamiento o previsiones del comportamiento de la gente. La novela se adentra en una campaña política que tiene a una mujer como candidata a la presidencia.

El escritor, guionista y director de cine reconoce que, quizás, la mala fama de la política es merecida. Aclara que “lo más importante es entender que la seducción política, la búsqueda del voto, que es solo una pata de la democracia, ejemplifica a la sociedad contemporánea y pide su participación. Ese mecanismo de seducción no estaba muy presente en la narrativa contemporánea. Comencé a prestar más atención al mundo de la profesionalidad de los políticos, el grupo de personas que diseña la campaña, los discursos, señala cómo deben hablar, vestir y comportarse los candidatos. Buscaba qué trasmite la sociedad a los políticos y profesionales para que alguien decida cómo debe actuar el político. Alguien se preguntó qué fue antes, si los perros se parecen a los manos o al revés; o qué fue primero: el discurso político o nosotros”.

Ese es el leitmotiv de Queridos niños, por eso el título dirigido a toda la población, los votantes. El autor de libros como La buena vida, Cuatro hermanos, Saber perder y Blitz recuerda que la gente considera que teledirigen a los demás, pero nunca a ellos. Todos, explica Trueba, “tenemos las dos soberbias introducidas: una es creerse todos mejores que los políticos; cuando la gente dice eso le digo: ‘¿Has acudido a una reunión de la comunidad de vecinos? Porque tu opinión sobre los políticos va a mejorar’. Y la segunda es considerar que hay unos votantes manipulados o adoctrinados, y nosotros. Esas dos soberbias son un poco bobas. Porque si nos manipulan nos manipula a todos, cada uno en función de su sensibilidad o de sus intereses, pero todos estamos en el juego”.

David Trueba reconoce que ha descubierto muchas cosas. Para empezar, admite, que “también era una persona asomada a un balcón cargado de prejuicios”. Su ejercicio literario empezó por crear como coprotagonista a una candidata presidencial con ideas diferentes a las suyas.

Responsabilidad de todos

“La política es un producto y en las sociedades de consumo todo es un producto. Pero es importante no convertir esto en un estigma”, aclara el escritor. “El problema”, añade, “es que lo único que me convoque a mí hoy aquí sea solo vender libros. Pero si el libro no se vende yo lo haría igual. El problema de la política es que se está convirtiendo en un producto que dentro no tiene nada”.

El director de películas como Soldados de Salamina considera que una manera de que la política recobre su prestigio y sentido es establecer el diálogo con la gente. Pero no tanto en los mítines y grandes aglomeraciones sino en la distancia corta, en el encuentro con pocas personas. “Como este espacio donde se puede hablar con la gente y que te pregunten”.

¿A qué se puede apelar para no caer en el cinismo del protagonista? Se pregunta Trueba. Y da una respuesta: “A lo que considero el fundamento de una democracia, y se nos olvida: que la democracia es un sistema moral. Es un sistema que se inventa para decirle a la gente: ‘Vosotros sois responsables. Por lo tanto, cada uno de vosotros tenéis que mantener una moral para que esto se mantenga’. Si todos perdemos esa moral, si todos participamos de ese cinismo el sistema no tiene sentido. Es una exigencia para la población si no estamos a la altura”.

Es ahí donde David Trueba y su novela hacen su reclamo y lanzan una propuesta a todos, a sus queridos niños:

“La sociedad tiene que entender que lo colectivo no es un amparo ni una excusa. Lo colectivo es una exigencia mayor de tu individualidad. España no tiene los políticos que se merecen uno a uno; los españoles merecen un mejor representante; pero en grupo tenemos lo que nos merecemos. La revolución que necesita la sociedad es la revolución de la honestidad individual”.

Bajo la mirada de Máximo, Camus y Coltrane

David Trueba dice que él lo intenta y se lo pide a sus hijos. Quizás por la mirada de las tres personas que están en su despacho en sendas fotografías que parecen mirarlo: su hermano Máximo que era escultor, detrás de él Albert Camus en la contraportada de un libro y detrás del Nobel francés John Coltrane en la portada de su disco Prestige.

“No me atrevo a quitarlas porque en algún momento pienso que es verdad que no se me posó la mariposa de la fe religiosa, como decía mi padre, pero sí se me posó algo de la idea de sentir que alguien te mira, quizás por la educación católica. No hablo de una presencia trascendente que tenga que ver con la espiritualidad, sino que te miran personas íntegras, personas que hicieron las cosas bien, que fueron muy buenos en lo suyo sin buscar la recompensa, simplemente eran buenos. Y esa gente cuando te mira lo que esperan es que te comportes lo más parecido a ellos”.

Eso dice que intenta él, pero aclara que Máximo, Camus y Coltrane no son culpables de nada de lo que él ha hecho: “No podéis reclamarles nada”.

 

Queridos niños. David Trueba (Anagrama).

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