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jueves, 23 de mayo de 2013 - 19:42

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Tolstói, el artista de la nitidez.

"Karma", "El padre Sergio" y "Hadjí Murat"

Pablo Chul

23/09/2010

Dos obras póstumas y un relato tradicional hindú son nuestra sugerencia para conocer al Tolstoi más maduro, profundo y emocionante.

 

La prosa de los últimos años de Tolstói produce un efecto de transparencia, de ligereza, de naturalidad. Sus imágenes son sencillas, casi anónimas: la niebla es un manto, el sol brilla como el oro y los ojos negros parecen de azabache. El desarrollo de las tramas sigue el paso del pensamiento, y el ritmo del texto el de la respiración. Casi no hay adverbios y la adjetivación es neutra, funcional. Se diría que no existe ninguna interferencia entre el lector y la historia, o, para ser exactos, entre el lector y el sentido último de la historia

Una ilusión. Tolstói trabaja como un artesano que piensa como un visionario que siente como un monje, pero escribe como un artista. La nitidez de estas obras es, por supuesto, engaño, trampa y magia, artificio y truco.

La novela corta Hadjí Murat, escrita entre 1896 y 1904 y publicada póstumamente, se abre y cierra con la imagen de un cardo tártaro erguido en un campo yermo. Es el emblema del protagonista, un caudillo musulmán que decide, durante la guerra del Cáucaso, pasarse al bando ruso. El narrador, como el propio Tolstói, recuerda la historia de traición y honor que narra la entrega de Murat, su vida entre los rusos y su muerte en la batalla tras negarse a ser un instrumento de unos u otros.

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Detengámonos ante el cardo y contemplémoslo, pero no por sus cualidades simbólicas (duro, individualista, tozudo, noble en su resistencia y capaz de engendrar una flor extraña) sino por lo que supone desde el punto de vista técnico: un enfoque oblicuo en la presentación del héroe, Hadjí Murat.

Pues así es como mirará Tolstói a Hadjí Murat durante toda la novela, y así, de un modo indirecto, es como se dibujará el retrato completo de un protagonista del que conocemos poco o casi nada pero cuya talla, inmensa, inabarcable, adivinamos por los reflejos que proyecta en el resto de personajes. Uno tras otro, Vorontsov, Hanefi, Butler, Lorís-Melikov, María Vasílievna María Dimítrievna y hasta el zar Nicolás I reaccionan ante un rasgo distinto de Murat, cuyas acciones padecen o admiran, y entre todos componen la imagen de un gigante tan vivo como la vida, retratándose a sí mismos al mismo tiempo.

De esta manera se produce en Hadjí Murat el encantamiento, el engaño o eso que a veces se llama "la ilusión antropomórfica". Ante nuestros ojos, de pronto, Hadjí Murat se ha convertido en un poliedro, y el desenlace de la historia, despachado en un brutal flash-forward, cobra sentido artístico en el lector con una potencia pocas veces vista, pues a esas alturas conocemos a Hadjí Murat completamente, como héroe, como hombre herido y traicionado y como leyenda.

El crítico Harold Bloom, obsesionado por la carga mítica de las historias, se rinde ante el retrato de Hadjí Murat en tanto que semidiós épico arcaico que comparte virtudes con Odiseo, Aquiles y Eneas, pero nosotros hemos preferido poner el acento en la técnica de espejo que permite a Tolstói erigir ante el lector, aparentemente como si nada, un monumento complejo, un fresco social e histórico y un relato vivo sin mostrar énfasis, intención o esfuerzo.

La misma voz simuladamente ligera lleva al lector a una historia religiosa en El Padre Sergio, escrita en 1898, cuando Tolstói, en plena crisis de fe, no logra decidir si quiere poner su escritura al servicio de la moraleja cristiana, de la realidad o de ambos. Y tal vez en la finura con la cual percibe, presenta y, en última instancia, comprende el conflicto moral del protagonista de esta novela corta esté su mayor encanto.

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Stepán Kasatski es un comandante alto, noble y guapo del escuadrón de coraceros del zar Nicolás I. Ha ascendido en el ejército y la sociedad y está prometido con una joven que le garantizará su entrada en la Corte. Pero una decepción amorosa hiere su orgullo y Kasatski, en un ataque de arrogancia, se retira a un monasterio. <<Ordenándose monje demostraba su desprecio ante aquello que a los demás, y en otros tiempos a él mismo, cuando estaba en el regimiento, les parecía tan importante. Ahora se situaba a otra altura desde la que podía mirar a aquellos que antes había envidiado>>. Y así, Kasatski entra en el monasterio por razones equivocadas, como un atleta que, citius, altius, fortius, quiere echarle un pulso a Dios y a los hombres.

Pero el dios de Tolstoi no es como el de los griegos, y en lugar de infligir un castigo a Stépan le convierte en actor de una peripecia imaginativa que empieza como una novela psicológica irónica, se transforma en leyenda popular en los capítulos centrales y termina como parábola bíblica sobre la comprensión de la naturaleza divina. Tolstói nos lleva de la mano sin dejarnos caer por todos los aspectos de esta historia a veces seria, a veces anecdótica, a veces humorística y a veces erótica, y nos acompaña con una voz narradora que, como un tusitala, parece querer contarnos que el relato es así, sin más, y que se narra solo.

Karma es la versión de un relato hindú que Tolstói había leído en inglés y que adaptó al ruso como cuento infantil. Karma ilustra dos certezas fundamentales puestas de manifiesto por el cristianismo: "la vida sólo reside en la renuncia al individuo -alguien perderá su alma, otro la encontrará- y el bien de las personas sólo se encuentra en su unión con Dios y a través de Dios consigo mismas", escribió el autor. Se trata de una muestra más de sumisión del autor a la historia, de la que es siervo y a cuya transparencia sacrifica todo deseo de visibilidad.

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Tiremos de cualquier hilo para leer a Tolstói. Hadjí Murat (publicado por Belacqua), El Padre Sergio (Rey Lear) o el cuento Karma (en una cuidada edición de Gadir, con ilustraciones de Esther Saura Múzquiz) son nuestra sugerencia con motivo de este centenario.

 Tolstói, el artista de la nitidez.

"Tolstói trabaja como un artesano que piensa como un visionario que siente como un monje, pero escribe como un artista. La nitidez de estas obras es, por supuesto, engaño, trampa y magia, artificio y truco".

"Una voz simuladamente ligera lleva al lector a la historia religiosa de “El Padre Sergio”, escrita en 1898, cuando Tolstói, en plena crisis de fe, no logra decidir si quiere poner su escritura al servicio de la moraleja cristiana, de la realidad o de ambos".

Enlaces de interés

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Hadjí Murat

  • Autor: Lev Tolstói
  • Editorial: Belacqua
  • Traductor: Irene y Laura Andresco
  • Número de paginas: 210
  • Fecha de publicación: 04/2010 
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Padre Sergio

  • Autor: LevTolstói
  • Editorial: Rey Lear
  • Traductora: Bela Martinova
  • Número de páginas: 112
  • Fechas de publicación: 02/2009
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Karma

  • Autor: Lev Tolstói
  • Editorial: Gadir
  • Traductor: Enrique Moyá Carrión
  • Número de páginas: 64
  • Fecha de publicación: 2010
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