Redacción -
23/07/2012La escritora y editora Esther Tusquets ha fallecido a causa de una pulmonía.
Calificada así por Carmen Barcells, Esther Tusquets "la gran señora de la edición" ha fallecido hoy a los 75 años de edad en el Hospital Clínic de Barcelona. La escritora se encontraba ingresada por una pulmonía, un agravante que posiblemente no hubiera acabado con ella si no fuera por el agotador párkinson que no le dejaba en paz y que padecía desde hace años y que afectaba de forma constante a su salud. Una salud que se iba mermando, de forma natural, con el inevitable paso del tiempo. "Una gran editora, una gran escritora y una amiga de toda la vida" según Jorge Herralde, director de Anagrama, que recuerda muy bien el día en que la célebre editora -cuatro décadas a cargo de la editorial Lumen-confesó, de manera discreta y por sorpresa, a la edad tardía de 42 años, que había escrito una novela titulada El mismo mar de todos los veranos. Había convocado a sus amigos íntimos, los había invitado a cenar para entregarles su primera novela. Un secreto que, por los motivos que fueran, siempre había guardado bajo doble llave aunque en el fondo, la editora, también sentía la necesidad de probar ese otro lado del oficio, la condición del escritor. Y quizá por eso, porque conocía de sobra todos los entresijos que hacen falta para construir un verdadero libro, sabía moverse con tremenda agilidad en el terreno literario.
"Mi criterio para seleccionar libros (más que la calidad) es el siguiente: me interesa que se haya hecho algo que sólo el autor que lo ha hecho lo pueda hacer, o sea prefiero un libro que sólo lo puedes escribir tú aunque sea más imperfecto que un libro que esté muy cuidado y muy bien pero que sea a la manera de los que recibo muchos, intercambiables." Así definía ella en una entrevista publicada en la revista Barcelona Review su "buen hacer" frente a la escritura, frente a la edición y frente a la vida. Porque esa era su dedicación y su enseñanza: "Lo que sé del mundo y de la vida lo he aprendido en las novelas" afirmaba con total seguridad hace solo un año, mientras se trasladaba a un piso más pequeño, dejando atrás toda su colección ensayística y amontonando cajas y más cajas repletas de novelas.
Aunque Esther Tusquets era una niña más bien solitaria, poco sociable, angustiada, triste, muy interesada por las artes escénicas y con el deseo contenido y la aspiración de convertirse en una futura actriz o productora de teatro, fue su padre quien en 1960 decidió comprar la editorial Lumen-entonces era una editorial religiosa-para su hija. Ella ya había cumplido los 23 años y no tardó en aceptar el desafío: "No tenía vocación de editora pero me gustó enseguida". Así empezaron a surgir ediciones que ya anunciaban un sello de gran calidad con nombres como Cela, Beckett, Styron, Woolf, Joyce, Céline o Susan Sontag. Además, hay ejemplos muy significativos que muestran la fuerza y la intuición de Esther Tusquets y que quedarán en la memoria entre los sus grandes logros: uno de ellos es el de Gustavo Martín Garzo que pasó de publicar en un sello local a ganar el Premio Nacional de Literatura, o aquel preciso momento en que Tusquets animó a Álvaro Pombo a presentarse al Premio Herralde de Novela.
En estos últimos años, Esther Tusquets estaba disfrutando de su jubilación y de su tiempo libre. Su labor como editora ya había finalizado y así lo vivía ella en sus últimas memorias publicadas Confesiones de una vieja dama indigna (2009) o cuando le preguntaban sobre ello: "No añoro mi etapa de editora; no volvería por nada del mundo; es un negocio muy complicado: el azar es la mitad del oficio".
El azar quizá sea la mitad del oficio del editor, así como el de editor, en el caso de Esther Tusquets, fue la mitad del oficio de vivir. Un oficio (este de vivir editando) que tardaremos en poder agradecerle en su necesaria medida.