Redacción -
20/07/2012Capitán Swing Libros nos ofrece una obra gráfica en la que el famoso fotógrafo Robert Capa y el Premio Pulitzer John Steinbeck se dan la mano sobre el paisaje de Rusia.
Con el fin de escribir un reportaje para el New York Herald Tribune, el más famoso corresponsal gráfico de guerra del siglo XX, Robert Capa y uno de los escritores estadounidenses más celebrados, John Steinbeck, decidieron aunar sus principales dosis de valentía, fuerza y talento (cámara y bolígrafo en mano) para encaminarse hacia la Unión Soviética. Era justo esa época en la que acababa de caer el Telón de Acero sobre Europa del Este y aún sabiendo que al otro lado de la frontera, en la antigua URSS, soplaba un viento gélido de miseria y desolación difícilmente respirable o quizá por eso mismo, emprendieron una marcha en conjunto a la que hoy podemos acercarnos.
Las consecuencias que ocasionó la Gran Guerra y la dictadura estalinista que imperaba en aquel momento desencadenaron un final trágico y lógicamente funesto en el territorio ruso, pero ellos querían fotografiarlo y escribirlo todo. No deseaban hacerlo por motivos políticos ni con ninguna otra pretensión que no fuera la de retratar el lado humano de un país destruido que poco a poco se estaba reconstruyendo. Por tal cosa, su proceso les llevó a observar detenidamente todos los detalles: dos miradas occidentales que se mezclaban entre instantáneas y tinta, dispuestas a excavar entre ruinas y más ruinas para contar lo que todavía se vislumbraba allá abajo. Todo eso y además, la complicada vuelta a la normalidad de un buen número ciudadanos soviéticos que habían sobrevivido a mil y una batallas: una nueva y difícil cotidianeidad que bien daba para el retrato.
¿Qué es lo que se encontraron Steinbeck y Capa al llegar a la URSS? En primer lugar, un montón de dificultades. Teniendo en cuenta que iban acompañados por un intérprete y un comisario puesto a disposición de los visitantes por el propio Estado Soviético, no podían acercarse a la gente sin que ésta fuera agradable, pero demasiado esquiva y silenciosa como para poder extraer de cualquiera de ellos alguna declaración sobre la pobreza, la falta de libertades con la que vivían los campesinos, los granjeros o los proletarios.
Sin embargo, basta solo una descripción del libro para que nos demos cuenta del drama que supuso aquel viaje. Nos vale con esa que hace Steinbeck sobre una niña que apareció justo detrás del hotel donde se alojaban: "Justo detrás del hotel, y en un lugar que dominaban nuestras ventanas, había un pequeño montón de basura, donde se tiraban las cáscaras de melón, los huesos, las mondaduras de patata y cosas parecidas. Y unos pocos metros más allá, había un pequeño montículo, como la entrada de una conejera. Y todas las mañanas, temprano, de ese agujero salía arrastrándose una niña. Tenía largas piernas e iba descalza, y sus brazos eran delgados y nervudos, y su pelo estaba enmarañado y sucio. Estaba cubierta de años de suciedad, de modo que parecía muy oscura. Y cuando levantó la cara, vi uno de los rostros más bellos que he visto en mi vida. Sus ojos eran astutos, como los de un zorro, pero no eran humanos. La cara estaba bien desarrollada, y no era de subnormal. En alguna parte del terror del combate en la ciudad, algo se había quebrado, y ella se había retirado al confort del olvido."
El final del viaje resultó decepcionante e inesperado para Capa y Steinbeck. La Oficina de Extranjería exigió investigar las fotos del corresponsal una por una, pues era uno de los requisitos previos para que el escritor y el fotógrafo para que pudieran salir del país. Robert Capa estuvo un día entero pataleando nervioso y paseando de lado a lado, preguntándose si le destruirían el material o no, o si finalmente decidirían retenerlo y le prohibirían regresar a su país. Finalmente llegó un mensajero y le entregó una caja a Capa en el que faltaban más de la mitad de sus fotografías. Aún así, muchas fotografías se salvaron y, junto a ellas, bellísimas estampas como la de aquella niña de ojos astutos y zorrunos que "se había retirado al confort del olvido" y que unida a sus otras compañeras de viaje forman este magnífico Diario de Rusia que ahora ve la luz de la mano de la editorial Capitan Swing. Una excelente forma de pasar unos días de verano en aquella otra Rusia.