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"La voz del hambre"

"Historia de la Pobreza en EE.UU" de Stephen Pimpare

Ramón Martínez -

09/07/2012

Premio Michael Harrington de Ensayo, "Historia de la pobreza en EE.UU" extrae una conclusión no por conocida menos lacerante: la pobreza es una realidad endémica en el país más rico del planeta.

No es lo mismo una fría estadística de la pobreza en gráficas de colores, que la contemplación en vivo de quien se entierra hasta los codos en el contenedor de basura de su vecino, a la caza del esqueleto anaranjado y grasiento de una lata de mejillones en la que empapar un pedazo de pan duro. Tampoco es igual un listado de desahuciados en números mondos y redondos que el testimonio a pie de calle, sentado en su propio sofá, de quien acaba de ser expulsado con un bebé en brazos de su casa hipotecada. Ni es comparable la contabilidad funcionarial de las personas que dependen de la ayuda social con el relato en primera persona de a quien humilla y degrada su propia dependencia.

La pobreza, la necesidad, la indigencia, son fenómenos universales; casi tanto como el rechazo que produce su contemplación. La visión de la pobreza suele ser molesta, un estorbo que arrinconar, como lo es la de la enfermedad, pese a que casi nadie esté libre de caer en las redes de la una o de la otra. Por el contrario, la estadística no ofende u ofende menos. La estadística es higiénica, objetiva, desapasionada. Tan útil para analizar en plano angular y cenital todo tipo de realidades, como estéril a la hora de poner ojos y dar voz a quienes las conforman, que es, precisamente, lo que hace el profesor Stephen Pimpare para enriquecer su Historia de la pobreza en EE.UU. (Península).

Dice Pimpare que "las políticas (sociales en EE.UU.) se suelen diseñar y llevar a cabo con muy poco conocimiento de las condiciones que impone la pobreza". Quienes las conocen bien son quienes las sufren. Y ellos son, en primer término y con su propia voz, los protagonistas de este ensayo sobre la historia de la pobreza y de la asistencia social estadounidense, novedoso, también, en tanto que se invierte el tradicional método de análisis. "¿Qué pasa, se cuestiona el propio Pimpare, si en lugar de preguntar cómo y por qué ha cambiado la política con el paso del tiempo, preguntamos cómo ha cambiado (o no) la experiencia de ser pobre y necesitado?"

El resultado son cientos de testimonios, extraídos de diferentes momentos históricos, que se abren paso de manera un tanto caótica y atolondrada entre una gigantesca maleza de datos estadísticos y análisis sociopolíticos. Testimonios no sólo de los pobres, que dan fe de sus carencias y los hercúleos esfuerzos que implica paliarlas, sino también de los contribuyentes que financian las ayudas sociales y de los funcionarios que las administran. Con todo ello entreteje Pimpare un estudio que extrae una conclusión no por conocida menos lacerante: la pobreza es una realidad endémica en el país más rico del planeta. Y lo que es más notable: la experiencia de ser pobre en la Usamérica del siglo XVIII, por ejemplo, dista muy poco de la misma experiencia hoy.

Claro que habrá quien entienda, no sin razón, que la arbitraria selección de testimonios adultera la conclusión. De ahí que Pimpare apuntale esos testimonios con estadísticas poco sospechosas y fácilmente cotejables: EE.UU. cuenta con la tasa más alta de pobreza entre los países "avanzados". En ningún otro país del mundo la desigualdad de renta es superior. La mortalidad infantil es mayor que en países como Taiwán o Cuba. EE.UU. es el país del mundo donde se trabaja más horas, sólo por detrás de Nueva Zelanda y Australia. Es también el país del mundo donde más cara resulta la sanidad. Aquí se podría añadir un largo etcétera.

Sin embargo, y como muestra Pimpare, siendo la pobreza siempre un drama incalculable, se convierte en una tragedia terrible cuando viene sazonada con el estigma social: "Se supone, dice una chica de diecisiete años, que soy esa por la que usted se sujeta el bolso cuando va caminando. Soy la persona que no vota. Soy la persona que se supone que bebe. Soy la persona que se supone que fuma hierba. Soy la hija de puta que se supone que abarrota vuestras cárceles. Soy la persona que ponéis de ejemplo a vuestros hijos de lo que no se debe ser. Se supone que soy jugadora de baloncesto. Se supone que lo hago solo por buscar una actividad afirmativa. Se supone que no soy positiva. Se supone que no tengo educación. Se supone que no sé lo que sé. Pero lo sé."

Ya se sabe que en Estados Unidos, el país de las oportunidades, muchos de quienes están en la cima creen a pies juntillas que el que no prospera es porque no quiere. Son personas que alimentan el mito de la tierra prometida y que, según la ocurrencia que Pimpare atribuye al columnista Jim Hightower, "han nacido en la tercera base y creen que la tercera parte de la carrera la han hecho ellos". La realidad, según una madre trabajadora perceptora de ayuda social, es muy otra: "De algún modo, puedes sentir incluso que ni siquiera formas parte de la sociedad porque estás allí mirando el sueño americano y sientes que te está dejando atrás".

Pimpare tiene la elegancia de analizar la realidad de la pobreza estadounidense desde la propia realidad estadounidense, evitando la tentación de caer en comparaciones con el estado de bienestar europeo, donde las prestaciones sociales, todavía, son entendidas como un derecho, no como "una generosidad". Y aún así, Historia de la pobreza en EE.UU. destila amargura y coloca a los estadounidenses ante un espejo que devuelve la imagen de un país excesivamente individualista, moralista e insolidario, donde quien no tiene, pierde. Un país lleno de fracasados, de loosers, como dicen en las películas. Un país donde los pobres son chusma; los indigentes, alcohólicos; los desempleados, vagos; los sin techo, unos vividores. Un país donde a la veterana criminalización de la pobreza se suma el darwinismo social, y en el que buena parte de la sociedad prefiere abandonar a su suerte a los más desfavorecidos antes que concederle a su Gobierno una mayor capaz de intervención a costa de sus impuestos. La consecuencia, según Pimpare, es esta: "Las penurias forman parte de nuestra experiencia nacional, y la pobreza no es una excepción, sino la regla; no es una anomalía que se circunscriba a cierta población marginal y marginada. En Estados Unidos, la pobreza en endémica".

Es posible que, pese al rigor de su estudio, Pimpare sea considerado en determinados círculos intelectuales estadounidenses, y no sólo, como un rojo peligroso. En realidad, en un momento como el actual, cuando existe un debate apasionado en Occidente acerca del modelo de sociedad que queremos para el siglo XXI, un debate sobre la sostenibilidad y pertinencia del estado de bienestar, cuya intensidad alcanzará en breve a economías emergentes como Chin, India o Brasil pero que la crisis económica focaliza ahora en Europa y, sobre todo, en Estados Unidos, con las elecciones presidenciales en ciernes; en un momento así, decimos, estudios como el de Pimpare cobran una relevancia especial. Mostrar qué hay y qué pasa por debajo de la linea de pobreza, ese nicho estadisticamente en absoluto marginal y en el que nadie está exento de caer, enseñar los ojos y difundir la voz de quienes allí habitan, es cualquier cosa menos banal.

"La voz del hambre"

Enlaces de interés

"Historia de la Pobreza en EE.UU"

Historia de la pobreza en EE.UU

  • Autor: Stephan Pimpare
  • Editorial: Peninsula
  • Año de edición: 2012
  • Número de páginas: 432
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