Redacción -
03/07/2012Ayer se cumplieron veinte años desde que nos dejó aquel chavalito gitano que sonaba "como un viejo", aquel niño rubio de ojos claros “tan blanquito que parece un camarón”, aquel Músico con mayúsculas.
La historia del flamenco lo reclama. Veinte años después de su muerte continúa reclamándolo y por los siglos de los siglos, muchos de nosotros -sobre todo los grandes seguidores del flamenco- lo seguiremos echando de menos. "Dios se lo ha llevado pa'que le cante" se dijeron miles de gitanos entre sí, tras aquel fatigoso 2 de julio de 1992, en el que José Monge Cruz, artísticamente conocido en el mundo entero como Camarón de la Isla, murió con solo 41 años de edad a causa de un cáncer de pulmón.
Ayer se cumplieron veinte años desde que nos dejó aquel chavalito gitano que sonaba "como un viejo", aquel niño rubio de ojos claros ("tan blanquito que parece un camarón", dijo de él su tío Joseíco al verlo por primera vez) aquel músico que, con el tiempo, hizo evolucionar el cante jondo consiguiendo que sonara diferente. Camarón de la Isla se atrevió, junto a José Tomatito, a cantar las letras del poeta Federico García Lorca con su voz aflamencada -al tiempo desgarradora y extrañamente dulce- y a mezclar sonidos electrónicos y ruido de batería sin ningún temor ni inseguridades, guiado únicamente por su propia intuición. En algunos momentos, mientras interpretaba la música que más tarde se apodaría "Nuevo flamenco", Tomatito le confesaba que no le gustaban aquellas canciones que estaban cantando, que le parecían muy feas. Y Camarón respondía: "no te preocupes, Tomate, que nosotros le damos la vuelta a esto."
Y se la dieron. El resultado de todo fue aquel disco titulado La leyenda del tiempo, que apareció de repente como un puñal, por sorpresa, en el año 1979 y que revolucionó el flamenco hasta entonces conocido. El título del disco ya avanzaba algo que se veía venir desde hace años: que Camarón de la Isla se estaba convirtiendo en leyenda, en una leyenda viva, en un artista grande, muy grande.
A partir de entonces comenzó a moverse la rueda aplastante que genera el éxito. Algunos calificaban su disco de no ser un disco "flamenco" y exigían que volviera el Camarón "de antes". Otros, prefirieron el nuevo estilo al anterior y se conformaron con lo "nuevo". Las opiniones sobre él variaron durante la década de los ochenta pero a pesar de ello, consiguió vender discos hasta el infinito. Todo se sucedía mientras Camarón establecía sus conocidas relaciones con la droga y el tabaco y se iba deteriorando cada día más. Aún así, sus siguientes trabajos: Soy gitano y Potro de rabia y miel cosecharon ventas importantes y Camarón consiguió su primer y merecido disco de oro.
A día de hoy, no son muchos los libros que se han escrito sobre Camarón de la Isla en los últimos años. Destacan, entre los publicados en 2009, la biografía titulada Sobre Camarón, un libro muy personal desde la perspectiva de Carlos Lencero, amigo y autor de muchas de las letras del cantante, o en el año 2010, la novela-retrato de Montero Glez que lleva por título Pistola y cuchillo y que revive al cantaor José Monge, camino de la muerte. Una novela que Montero Glez ha señalado si no su mejor producción al menos sí su más querida y que nos presenta a Camarón tal y como no podemos dejar de recordarle: "Con trazo indecente vuelvo a la noche que nos vimos por última vez, a la entrada de la Venta Vargas, cuando él iba con el pitillo prendido en la boca y la muerte al pecho, como una mala sombra (…) Recuerdo que apareció con su chaquetilla roja y todo el poderío celestial de un tigre herido, roto por dentro y sin embargo con fuerzas para seguir abriéndose paso en la noche".
A diferencia de la producción en papel sobre el artista, su discografía sí que se ha reeditado multitud de veces desde su muerte aunque en este bicentenario pasará desapercibida. Discográficamente hablando, si en el decimoquinto aniversario de su muerte se editó el especial Reencuentro con nueve temas inéditos y un DVD con imágenes cedidas por su familia y actuaciones en TVE, en esta fecha, ese pequeño homenaje al genio del flamenco quedará vacío por parte de las discográficas. ¿Por qué? No lo sabemos, pero a muchos, nos basta con su música.