Polémicas sin sentido
ENTREVISTADOR:Rubén Sáez / César González Álvaro
08 de febrero
Jordi Mollà (Hospitalet de Llobregat, 1968) es actor y director de cine. Debutó en el cine con “Jamón, jamón” en 1992. Ha interpretado películas en catalán, castellano, francés e inglés. Candidato al Goya en cinco ocasiones, ha participado en títulos como “La buena estrella” (1997), “Blow” (2001) o “Elizabeth” (2007).
“Creo que, de haberle conocido, hubiera entendido muy bien a Jaime.”
“Sinceramente, nunca pensé que esta película pudiera levantar tantas ampollas.”
Ámbito cultural: A pesar de ser un personaje capital en muchos sentidos, Gil de Biedma no deja de ser un desconocido, al menos para el gran público. ¿Por qué un biopic sobre el poeta?
Jordi Mollà: Pues me imagino que porque tiene valor cinematográfico, que lo tiene, y seguramente también por la posibilidad de darlo a conocer a través de la película, siendo más fiel o menos fiel. Los que no le conocieron, los que no le han leído, los que no están muy cerca, ven la película y quizás se quedan con ese Jaime. En ese sentido es un retrato popular y yo creo que de ahí puede venir todo el conflicto, de que algo tan sagrado se convierta en algo popular, lo que, para algunos, siempre se siente como una traición.
AC: Fundamentalmente, se han generado dos polémicas mediáticas en torno a la película, la desencadenada por Marsé y la referente al sexo explícito. ¿Crees que beneficia a la película?
JM: Por desgracia es así. El espectador, ante la palabra "polémica", normalmente decide comprobar por sí mismo lo que ha leído. Luego seguramente no se escandalice, pero el olor de la sangre es muy atrayente y los periódicos, al fin y al cabo, tienen que vender. Sinceramente, nunca pensé que esta película pudiera levantar tantas ampollas.
AC: Quizá olvidamos que las reflexiones sobre el sexo de Gil de Biedma en El diario del artista seriamente enfermo son esenciales en el relato de la vida del poeta.
JM: Explicar a Jaime sin sexo es imposible. ¿Sabes que hay personas que han contado los culos que salen en la película? No sé qué harían si ven Anticristo. Pero no quiero hacer mucho caso a la discusión.
AC: ¿Crees que puede tener que ver con que en nuestro cine no haya tradición de filmar biopics?
JM: Habría que preguntarse por qué no nos interesa hacerlos. Quizá España sea un país que respeta demasiado a sus iconos, y es una pena porque, si lo piensas, este es un país poderoso: está en el final de un continente, abierto necesariamente a otros mundos y culturas. Pero no nos damos cuenta.
AC: ¿Cómo ha sido el trabajo actoral? ¿Cómo te preparas para abordar un personaje tan contradictorio, con tantos matices?
JM: Hay muchos aspectos de Jaime con los que comulgo de forma natural. Esa especie de integridad contradictoria, la construcción destructiva de la vida y también de su poesía, el creer en todo y no creer en nada… ese "de qué sirve" yo lo reconozco. Por eso creo que, de haberle conocido, hubiera entendido muy bien a Jaime. En cuanto a mi trabajo como actor, trabajé mucho con la biografía de Dalmau, leyendo durante meses, y con el diario, que es básicamente sexo. Pero al final acabé por encontrar al personaje de Jaime entre líneas, que es lo que ocurre cuando la cosa va bien.
AC: ¿Y su poesía?
JM: Al principio rechacé centrarme en su poesía, entre otras cosas porque soy un profano. La poesía tiene algo de misterio pactado, de configuración deliberada, y me podía alejar del personaje de Jaime, del Jaime de la película.
AC: Antes hablabas de los iconos, pero es que Jaime Gil de Biedma representa una serie de cosas que quizá le conviertan en uno muy incómodo.
JM: Cuando leí el guión me pareció un personaje fantástico, aunque muy difícil de defender porque no es un personaje que de entrada caiga bien. De hecho, eso es algo que pactamos Sigfrid y yo: el viaje con Jaime, por su vida, no debía empezar cómodamente. Lo primero que siente el espectador es antipatía, lo que nos pareció un buen punto de partida. Todavía hoy, no sería fácil que una persona como Jaime fuese aceptada. Es un personaje extremadamente individualista.
AC: Se ha hablado mucho de la voz de Jaime en la película.
JM: La voz de un poeta es importante, aunque la primera vez que escuché su voz fue en la grabación de Poemas póstumos y la apagué enseguida. La verdad es que yo me divierto mucho con las voces, y creo además que de las voces acaban surgiendo gestos, incluso una forma particular de caminar, como me paso en La buena estrella o en Elisabeth.
AC: ¿Cómo ves los Goya? Es tu quinta nominación, cuatro como actor y una como director.
JM: Ya sé lo que es estar esperando en esa butaca, así que prefiero no adelantar nada.
AC: De alguna forma, tu profesión te expone públicamente. ¿Cómo te relacionas con el hecho de ser conocido?
JM: Procuro no darle importancia. Uno puede caer en el olvido en muy poco tiempo, como ya he comprobado, y eso te ayuda a redimensionar las cosas.
AC: ¿Cómo está el cine español?
JM: Levantar una película siempre es muy difícil, y ahora lo es más todavía. Hay muchos proyectos que no se materializan. Yo ya viví una crisis parecida en el 2007, cuando se me llegaron a caer cuatro películas en una hora. Lo mejor es ir proyecto a proyecto porque este es un oficio muy incierto. La industria va muy a lo seguro y, en época de crisis, arriesga menos.
AC: No te prodigas en teatro.
JM: Tengo pánico escénico. Muchos amigos me han dicho que en realidad soy un actor de teatro, pero el estar expuesto diariamente al juicio en directo del público no lo digiero bien.
AC: Ya te lo habrán preguntado muchas veces pero, ¿por qué rechazaste un papel en Perdidos?
JM: Bueno, no era el momento. Hay gente que no entiende que rechaces una oportunidad así, porque un papel así, con tanta exposición, te catapulta a nivel de mercado. Me ofrecieron tres proyectos la misma semana: una película en Australia, el papel en la serie y el de Jaime. Y me decidí por Jaime.
AC: ¿Hay mucha diferencia entre trabajar aquí o en Hollywood?
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