Humor inteligente
ENTREVISTADOR:Rubén Sáez / César González Álvaro
01 de febrero
Juan Aparicio-Belmonte (Londres, 1971). Es autor de “Mala Suerte” (I Premio de Narrativa Caja Madrid y III premio Memorial Silverio Cañada), “López López” y de “El disparatado círculo de los pájaros borrachos” (XII Premio Lengua de Trapo de Novela). Su obra ha sido traducida al italiano y al francés. “Una revolución pequeña” es su cuarta novela.
“Cada texto lleva implícito su forma de contarlo. No tiene mucho sentido forzar una historia para que cuadre dentro de unos límites estrictos. Es todo lo contrario. Es la historia la que debe marcar el camino.”
“A la hora de escribir, todos tenemos un plan previsto, aunque sea mínimo, pero yo suelo descubrirme traicionando lo que tenía pensando en un principio y adaptándome a los cambios”.
Ámbito Cultural: En Una revolución pequeña nos encontramos de nuevo con algunos personajes que ya salían en anteriores novelas tuyas como Mala Suerte o El disparatado círculo de los pájaros borrachos. Nos referimos, por ejemplo, a la comisaria Sarita Lagos. ¿Qué es lo que te ha impulsado a recuperarlos?
Juan Aparicio-Belmonte: Al comenzar a escribir esta novela no había personajes repetidos. Había alguno que tenía caracteres similares, pero ninguno era igual. Sin embargo, según fui avanzando en la trama comenzaron a aparecer y a cobrar cada vez un mayor protagonismo. No fue así algo deliberado, sino más bien una exigencia de la propia novela. Además, me parecía que todavía tenía bastantes cosas que contar acerca de estos personajes y de cómo han ido cambiando con el paso del tiempo. De hecho, en Sarita Lagos, por ejemplo, podemos apreciar bastantes cambios en su forma de ser o actuar. Es el mismo personaje pero ha evolucionado.
Ámbito Cultural: También nos encontramos en esta novela con algunos elementos como la cárcel o el psicoanalista que tenían a su vez cierta importancia en tus otros libros…
Juan Aparicio-Belmonte: Una vez alguien me dijo que todas mis novelas acaban con alguien encarcelado y me pareció un horror porque hasta entonces yo no me había dado cuenta. Con lo cual he decidido que en el próximo libro nadie va a estar en la cárcel… al menos en las últimas páginas (risas). En cualquier caso, creo que cada escritor tiene sus obsesiones y que por mucho que lo intente no puede, incluso ni debe, librarse de ellas. En cuanto al psicoanalista, sucede un poco lo mismo, pero además intento romper de alguna manera con el respeto que se tiene hacia esa figura que escucha, observa y valora desde una acomodada silla de cuero. Quizá por esa razón, en esta novela decidí que el psicoanalista tenía que estar presente pero sin discurso o solo con un discurso vacío.
Ámbito Cultural: En El disparatado círculo de los pájaros borrachos destacaba por encima de todo la estructura tan ambiciosa sobre la que se organizaba la trama. Planteaba así una suerte de juego con el lector en el que había que ir reuniendo las piezas para componerlas después poco a poco. En Una revolución pequeña, aunque sigue estando presente ese juego, parece que has optado por una narración más lineal…
Juan Aparicio-Belmonte: Siempre presto atención a las estructuras y a los diferentes puntos de vista desde los que se puede contar una historia. Es algo que me divierte y que creo que enriquece el texto. Y es también algo que me empuja a seguir escribiendo. De todas maneras, sí es cierto que en esta nueva novela la construcción de estructuras singulares tiene menor relevancia que en El disparatado círculo… Me parece que cada texto lleva implícito su forma de contarlo. No tiene mucho sentido forzar una historia para que cuadre dentro de unos límites estrictos. Es todo lo contrario. Es la historia la que debe marcar el camino. Y Una revolución pequeña, simplemente, me parecía que no necesitaba una estructura tan compleja para contar lo que en realidad me interesaba.
Por otra parte, pienso que la fuerza de toda novela radica en la consistencia de los personajes. Las grandes novelas son, en resumen, grandes personajes. Me refiero, por ejemplo, a Madame Bovary o a La metamorfosis. Y ahí también trato de poner el acento. Por mucha estructura que haya, si una novela no tiene buenos personajes, no hay novela.
Ámbito Cultural: Abordar la literatura desde el humor nos parece un completo acierto. Sin embargo, vivimos en un país donde se menosprecia muchas veces esta clase de literatura, lo que lleva a muchos autores a embarcarse en otros proyectos donde el humor ya no tiene un papel principal. ¿Alguna te has planteado esta cuestión?
Juan Aparicio-Belmonte: Lo cierto es que en alguna ocasión he intentado escribir lo que podríamos llamar una "novela seria", pero siempre llego a un punto en el cual me enfrento al mismo problema: hay una determinada escena que debería derivar en la típica situación satírica o irónica de mis novelas y, sin embargo, no puedo llevarla a cabo porque lo anterior no me lo permite. Y esto es bastante frustrante a la par que inútil. Sucede un poco como lo que comentábamos antes respecto a las estructuras. Es el texto el que va pidiendo lo que le hace falta y, si no lo permitimos o lo limitamos o lo cortamos, queda ahí una contención palpable, una represión que no beneficia para nada al conjunto. Por esa razón, siempre termina entrando en mis novelas el humor negro y la sátira, porque son parte de mi carácter y una novela es, en gran parte, carácter del autor.
Ámbito Cultural: Sin querer adelantar al lector nada respecto al final de Una revolución pequeña, sí podemos decir que tiene un cierto carácter determinista. ¿Lo tenías previsto desde el principio?
Juan Aparicio-Belmonte: Podríamos decir que hay escritores con brújula y sin ella y yo me considero que formo parte del segundo grupo. Desde luego, todos tenemos un plan previsto, aunque sea mínimo, pero yo suelo descubrirme traicionando lo que tenía pensando en un principio y adaptándome a los cambios. Si lo tuviera todo medido me aburría enormemente y no escribiría una sola palabra. De esta otra forma, me voy sorprendiendo según avanzo en la trama y decido que el juez tiene que ser un asesino, por ejemplo, y tiro de esa idea y la llevo hasta el final. Y creo que si funciona la sorpresa con el lector no es más que porque yo soy el primer sorprendido en un momento dado.
Ámbito Cultural: La crítica a la corrupción del mundo judicial y todo lo que le rodea está muy presente en la novela. Incluso, como comentabas antes, nos encontramos con un juez que asesina a gente anónima por mera diversión o para liberarse del estrés…
Juan Aparicio-Belmonte: La corrupción, y el "amigismo", tanto en política como en todo lo relacionado con el mundo judicial, están a la orden del día. Lo vemos cada vez que abrimos el periódico o ponemos un canal de noticias en la televisión o en la radio. Y todo esto me resulta patético y quería mostrarlo en la novela en toda su ridiculez. De ahí la aparición de ese juez asesino o la hipocresía del catedrático en sus actos y valoraciones.
Ámbito Cultural: Resulta complicado comparar tu obra con la de otros autores. De hecho, si Juan Aparicio-Belmonte remite a alguien no es a otro sino a Juan Aparicio-Belmonte…
Juan Aparicio-Belmonte: Eso, por supuesto, lo considero un elogio. Imagino que la obra de todo escritor es auto referencial de alguna manera, al mismo tiempo que se sirve también de una serie de autores y obras que le han influido en distintas ocasiones. La verdad es que, ni para esta novela ni para cualquiera de las anteriores, he contando con un autor o una obra de cabecera, alguien a quien quisiera acercarme o asemejarme, sino que, más bien, cuando te pones a escribir cuentas un poco con el conjunto de lo que llevas leído. No puedo concretar así una influencia directa, pero sí que puedo enumerar los escritores que me interesan: Graham Greene, Dashiell Hammett, Cortázar, Vonnegutt o, más actualmente, Antonio Orejudo o Vila-Matas. Todos ellos son grandes autores con los que he disfrutado y con los que sigo haciéndolo.
Leer CRÍTICA Una revolución pequeña
La novela ganadora del último Premio Torrente Ballester.
La misteriosa desaparición de una mujer, internada en un hospital psiquiátrico.