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miércoles, 23 de abril de 2014 - 16:26

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La patria de todos los vascos

La vida, un largo camino hacia el cansancio

ENTREVISTADOR:César González Álvaro / Rubén Sáez

01 de diciembre
La patria de todos los vascos

Iban Zaldua

Iban Zaldua (San Sebastián, 1966) es profesor de la Universidad del País Vasco. Ha publicado la novela "Si Sabino viviría" y siete libros de cuentos entre los que destacan “La isla de los antropólogos y otros relatos” y “Porvenir”. Es colaborador habitual en diversos medios de comunicación, tales como la revista “Nabarra” y el periódico “Berria”.


“Los nacionalismos que tienen mayor éxito reinventando su historia suelen ser los que han conseguido su propio estado-nación"


ÁMBITO CULTURAL: Ha publicado ensayos sobre literatura como Obabatiko tranbia y Animalia disekatuak, libros de cuentos como Mentiras, mentiras, mentiras o Porvenir y las novelas Si Sabino viviría y La patria de todos los vascos. ¿Con que género se encuentra más cómodo?

IBAN ZALDUA: Teniendo en cuenta que he publicado siete libros de relatos, por una parte, y solamente dos novelas y dos ensayos, parece que soy más de cuento que de otra cosa, ¿no? De hecho, en el fabuloso espectáculo ambulante "Novela versus cuento (y viceversa)" que Rafael Reig y yo hemos paseado a lo largo de la geografía española, mi papel era el de defensor a ultranza del cuento, cómo no. Añadiría, además, que mis dos novelas son cuentos fallidos: relatos que me salieron mal, porque pedían a gritos más extensión, una mayor amplitud; es decir, cuando me puse a trabajar sobre la idea, lo que tenía en mente era un cuento, no una novela. En fin, no sé si he hecho de ellos buenas novelas, eso tendrá que decidirlo el lector, pero por lo menos los he salvado de ser malos cuentos, eso seguro.

AC: En La patria de todos los vascos nos encontramos con Joseba Anabitarte, columnista y profesor de filología. En una conversación con su mujer, Joseba afirma que en sus columnas habla de ETA sin demasiados tapujos. Sin embargo, al explicarnos la columna, parece todo lo contrario, es decir, que quiere evitar el tema. ¿Hasta qué punto es el miedo el que dicta la postura del personaje?

IZ: Supongo que sólo hasta cierto punto: el miedo es más una excusa que un motivo real para Anabitarte. Creo que el hastío, tanto hacia lo que le rodea como hacia sí mismo, es un motivo mucho más importante en las decisiones que toma, por lo menos al principio de la novela. No en vano el relato se abre con una cita de Samuel Butler: "la vida es un largo camino hacia el cansancio". Pero además el protagonista no es precisamente un héroe: pretende darse aires de valiente contra ETA, pero en realidad se cuida mucho de meterse en ningún lío serio.

AC: Joseba decide aceptar una invitación de la Universidad de Anchorage (Alaska) para impartir allí lengua, literatura y cultura vascas durante un semestre completo. ¿Qué es lo que hace que Joseba acepte sin planteárselo demasiado? ¿De qué huye?

IZ: Huye, como ya he señalado, del cansancio que le produce una situación política y social que no deja de repetirse, como si estuviera sometida a un bucle temporal eterno. Y porque no quiere hacer frente a sus compromisos personales, que se sitúan en el País Vasco.

Lo primero me parece comprensible. Acabo de leer un libro de Manuel Vázquez Montalbán de 1984, Mis almuerzos con gente inquietante, con sus entrevistas a Fraga, Bibí Andersen, Ferrer Salat y demás fauna de aquella época: fue como meterse en una máquina del tiempo hacia el corazón de la Transición. Pues bien, me ocurrió eso con todas las entrevistas, menos con una: la que le hizo al líder de Euskadiko Ezkerra Juan Mari Bandrés, que, por supuesto, versó casi en su totalidad sobre el conflicto vasco. Y lo malo es que me dio la impresión de que se podría haber escrito ayer mismo: en muchos aspectos, por desgracia, seguimos igual, o muy parecido. De todas formas, Joseba Anabitarte no huye sólo de eso, sería demasiado simple. Pero preferiría que fuera el lector quien lo descubriera por sí mismo: a fin de cuentas La patria de todos los vascos es una nouvelle, una novela corta, y tampoco es cuestión de destriparla demasiado…

AC: En la novela se incluyen un folleto para la "prevención del acoso sexual", el programa de "Introducción a la historia y cultura vascas" o el "Canon de la literatura vasca". ¿Por qué decidió introducir estos elementos?

IZ: Bueno, tanto estos "documentos" como las conversaciones sin acotaciones que se incluyen en la novela tienen como objeto, al menos en parte, romper el discurso del narrador en primera persona, que es el propio Joseba Anabitarte, y que no es muy fiable que digamos, de manera que estos insertos aportarían otro punto de vista sobre lo que se va contando en la novela. Los documentos, en cualquier caso, tienen una función sobre todo irónica, o al menos eso pretenden…

AC: Asimismo, también son curiosas las descripciones de los alumnos, procedentes del cuaderno de notas de Joseba…

IZ: Me pareció una manera sintética de presentar a los estudiantes que se matriculan en su curso y, de paso, de volver a jugar con uno de los motivos del libro, el de los estereotipos culturales…

AC: Una vez que Joseba se halla en Anchorage y comienza a enseñar a sus alumnos lengua y literatura vascas, se deja llevar por la fantasía y prácticamente reinventa todo lo que les cuenta. ¿Es esto lo que hacen los nacionalismos, reinventar la Historia?

IZ: Creo que sí. Lo que ocurre es que para hacer esa reinvención se vale, con mayor o menor libertad, de los "materiales" sobre los que el nacionalismo vasco ha construido la historia de Euskal Herria, Euskadi, Euzkadi o como queramos llamar a esto… Aunque no hay que perder de vista que es un ejercicio que realizan todos los nacionalismos sin excepción: lo que pasa es que los que tienen mayor éxito reinventando su historia suelen ser los nacionalismos que han conseguido su propio estado-nación… tanto que incluso pueden llegar a reivindicar que su historia no es una invención… aunque lo sea tanto como la de cualquier otro nacionalismo.

AC: A veces se acusa a los escritores vascos, o a sus artistas y cineastas, de no abordar con valentía el tema de la violencia, aunque haya ejemplos como el de Fernando Aramburu. ¿Qué opinión le merece este juicio?

IZ: Supongo que ese juicio tiene que ver, muchas veces, con un conocimiento deficiente de la historia reciente de la literatura vasca, al menos. Quiero decir que la literatura vasca, tanto en castellano como en euskera, ha tratado el fenómeno de la violencia en el País Vasco desde bastante pronto: baste recordarla novela 100 metro de Ramón Saizarbitoria, que se publicó en 1976, aunque iba a salir antes, en 1974, y si no lo hizo fue a causa de la censura. O Lectura insólita de El Capital, de Raúl Guerra Garrido, también de 1976. Está claro que en estos últimos años ha habido un aumento de la producción literaria sobre La Cosa, pero lo mismo ha pasado con el tema de la Guerra Civil, y a nadie se le ocurre decir que la literatura española no ha abordado hasta ahora con valentía ese tema. Lo que pasa es que la literatura de ficción, y sobre todo la narrativa, es problemática, plantea más preguntas que respuestas, tiende a no caer en el esquematismo y el panfletarismo, al menos la buena literatura. Y eso puede llegar a irritar a quienes busquen en ella maniqueísmo, consignas claras y adhesiones inquebrantables. En ese sentido, Los peces de la amargura de Aramburu no me parece superior, desde el punto de vista literario, a obras como Letargo, de Jokin Muñoz, Las maletas imposibles, de Juanjo Olasagarre, El hombre solo, de Bernardo Atxaga, o Los pasos incontables, de Ramon Saizarbitoria. De hecho, ya puestos, cualquiera de éstas me gusta más que Los peces de la amargura.

AC: Un asunto siempre espinoso cuando hablamos de Euskadi son las políticas lingüísticas imperantes. ¿Qué opinión le merecen? ¿Está de acuerdo con la protección institucional de la lengua? ¿Cree que es susceptible de manipulaciones?

IZ: Creo que es un tema del que hay mucho que discutir, sin tapujos, y que la manera en que se ha hecho hasta ahora no tiene porqué ser un dogma intocable. Y sí, supongo que es susceptible de manipulaciones, por parte del nacionalismo de turno, sobre todo; ya hace un tiempo decía Saizarbitoria, en un ensayo titulado Aberriaren alde (eta kontra) [A favor (y en contra) de la patria], que el euskera había necesitado del nacionalismo para sobrevivir, que sin el nacionalismo es posible que fuera una lengua ya moribunda, pero que si quería seguir creciendo quizá hubiera llegado el momento de que lengua y nacionalismo se alejaran una del otro. Pero, dicho esto, creo que, en una situación de diglosia, hay razones más que suficientes para impulsar una política de protección hacia la lengua minorizada. Por respeto hacia la minoría que la habla, y también por cuestiones de justicia histórica: una lengua no muere por causas naturales (nada en las lenguas es "natural"), sino por razones culturales e históricas complejas y profundas. Y si admitimos, por ejemplo, que la discriminación histórica hacia las mujeres hace necesaria o conveniente una cierta política de cuotas o de acción positiva, no veo por qué no debería hacerse eso mismo con una lengua minorizada. Tan susceptible de manipulaciones es una política de protección, como una de "desprotección": la que practica, sin ir más lejos, Miguel Sanz en Navarra. Y en estos casos, qué quiere que le diga, prefiero que se peque por exceso que por defecto. Sobre todo teniendo en cuenta que los recursos que se dedican a estos menesteres son minúsculos si los comparamos, por ejemplo, con los que el estado destina al sostenimiento del ejército; ese ejército que protege nuestros intereses neocoloniales en las costas de Somalia: el mismo que, cuando la cosa se pone fea (estos últimos dos siglos hemos tenido ejemplos sobrados) se ha dedicado a masacrar a su propia población civil, en nombre de la patria y por el bien de la "paz social"…

AC: En Si Sabino viviría se introdujo de lleno en un género bastante infravalorado en nuestro país, la ciencia ficción, considerado, incluso, un género menor. ¿A qué cree que se deben estos prejuicios?

IZ: La verdad es que no tengo ni idea. Me imagino que tiene que ver con su origen como literatura de género, con sus raíces pulp, si se quiere denominarlas así. Pero la novela negra tiene la misma procedencia y sin embargo se ha convertido en un género dominante en la actualidad, tanto que muchos escritores "serios" han utilizado esquemas procedentes del mismo para realizar libros considerados como "alta literatura". Y, sin embargo, la ciencia ficción es un género que puede llegar a reflejar muy bien las contradicciones del sistema capitalista, puede que mejor que muchas obras consideradas "realistas"; me atrevería a decir incluso que es el género por excelencia del capitalismo industrial, tanto o más que la novela negra. A mí siempre me ha gustado la ciencia ficción: además de entretenerme, me ha agobiado, me ha hecho reflexionar… Así que no sé por qué sigue encerrada en esa especie de gueto en el que parece que está. Aunque la verdad es que cada vez se ve más ciencia ficción en la "corrienteprincipal" de la literatura "generalista", así que es posible que las cosas estén cambiando, y que sea una cuestión meramente generacional, que tanto los lectores como los escritores más jóvenes no vean ya con tantos prejuicios a la ciencia ficción…

AC: ¿Tiene ya alguna idea de cómo va a ser su próxima novela o libro de relatos? ¿Nos puede adelantar algo?

IZ: Por llevar la contraria, les diré que estoy trabajando en algo que no es ni cuento ni novela, sino un ensayo breve en castellano sobre la literatura vasca actual, que quizá se titule Diez decisiones (que un escritor vasco está obligado a tomar), y que publicará 451 Editores. También tengo entre manos un volumen antológico de mis relatos en euskera, que espero que salga en 2010, y un par de libros más de cuentos, aunque estos no los veo terminados aún, tengo que completarlos, así que todavía habrá que esperar un poco, supongo…

Enlaces de interés

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La patria de todos los vascos

  • Autor: Iban Zaldua
  • Editorial: Lengua de Trapo
  • Nº de páginas: 208
  • Formato: Rústica. 22x15
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