Pablo Mahaux -
10/11/2011La editorial Nevsky Prospects nos propone con su última antología Rusia imaginada, un especial periplo por el vasto paisaje ruso.
En este volumen cuya edición corre a cargo de Care Santos, diez de las voces más actuales de nuestro panorama narrativo nos muestran su Rusia más personal: una Rusia imaginada. Partiendo de un planteamiento tan inusitado como el de que los autores debían situar sus relatos en un lugar desconocido para ellos, dentro de Rusia, el conjunto deviene en extrañas crónicas, en un álbum compuesto de fotografías de sueños, y sitúa a los lectores como viajeros de un itinerario que nadie aún ha realizado.
Oscar Esquivias, Marta Sanz, Jon Bilbao, Berta Vías Mahou, Victor Andresco, Esther García Llovet, Espido Freire, Daniel Sánchez Pardos, Pilar Adón y Marian Womack, fieles a la premisa de Chéjov que encabeza la obra: "Todo es mejor allí donde no estamos", nos embarcan en un original recorrido que nos llevará a conocer las ciudades, las gentes y los paisajes que conforman esta particular geografía del país.
El viaje comienza con el relato de Óscar Esquivias, El príncipe Hamlet de Mtsenk, un curioso homenaje a la novela breve de Nikolai S. Leskov, Lady Macbeth de Mtsenk. También Marta Sanz rinde homenaje a Nabokov y a la atmósfera de Lolita, en la siguiente parada de este recorrido, Valentina Shulgin en el arroyo de Vyra. De norte a sur, de este a oeste, esta Rusia imaginada continúa desvelándonos sus secretos conel extraordinario relato de Jon Bilbao, Horror a bordo del Borís Butoma, aquí la ciudad de Múrmansk, un cementerio naval enclavado en el Círculo Polar Ártico, nos mostrará su rostro más afilado. Berta Vías Mahou en Soldado Ruso, Víctor Andresco con Primavera en Vitebsk y Esther García Llovet con El hijo secreto de Yuri Gagarin, imprimen un nuevo ritmo al recorrido a través de los recuerdos que sus personajes, todos rusos desarraigados, alejados de su tierra, conservan de su madre patria. En Camarada, Espido Freire nos acerca los últimos días de la familia del zar Nicolás y en Los siluros de Prípiat, Daniel Sánchez Pardos arma un impresionante relato en los alrededores de la central nuclear de Chernóbyl. Tras esta violenta explosión es de agradecer el suave remanso al que nos lleva Pilar Adón en Un mundo muy pequeño, invitándonos a hacer parada y fonda en una de las colonias neocristianas fundadas por los seguidores de Tolstói. Por último, Matrioshka, de Marian Womack nos introduce en la brutal realidad socio-política del Cáucaso, haciéndonos partícipes de una violenta espiral que se inicia en la oprimida región de Daguestán y finaliza en el mismo metro de la capital, Moscú. Care Santos pone punto y final al viaje con 9.288, el último hito kilométrico del transiberiano.
Así Rusia imaginada, muestra una Rusia intangible, un viaje onírico, un hipotético itinerario, pero no por ello menos fascinante cuando toda frontera entre lo real y lo imaginado es sólo un jirón de niebla.