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jueves, 05 de marzo de 2015 - 17:00

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Gaspar Hernández: palabras curativas

ENTREVISTADOR:Pablo Chul

Madrid 07 de junio
Gaspar Hernández: palabras curativas

Gaspar Hernández


“Cuando hoy hablamos de “autoayuda” nos referimos a algo muy amplio, sí, que incluye libros de mucha calidad y de muy poca. Luis Rojas Marcos hace autoayuda, Punset hace autoayuda...y son autores indiscutibles.”


“Hay muchos aspectos de la vida que la literatura seria no refleja: el amor a través de internet, las redes sociales, etc. La meditación, el zen, la capacidad de enfermar o curar de las emociones son temas que habitualmente no se tratan en las novelas.”


Con casi cuarenta mil ejemplares vendidos en su edición en catalán, "El silencio", del periodista y locutor de radio Gaspar Hernández, parece haber conquistado a un público inesperadamente amplio y diverso. Conversamos con el autor de esta historia espiritual que cuestiona los límites del poder de la mente, el amor y la palabra.

AMBITO CULTURAL: "El silencio" es el monólogo de un hombre que habla a una mujer dormida que aspira a curarse de una enfermedad terminal. Como usted, el narrador es un locutor de radio interesado en temas de nueva espiritualidad y psicología. ¿Es su libro una obra autobiográfica? ¿Es ficción o no-ficción?

GASPAR HERNÁNDEZ: El libro es ficción. Pero creo que todas las novelas son, en el fondo, un híbrido entre ficción y autobiografía. Empecé a escribir el libro tras un encuentro con una mujer joven que vino a verme porque quería curarse con la mente. Yo me llevé las manos a la cabeza y le sugerí que fuera a ver a un médico. Pero a partir de ahí empecé a investigar sobre el asunto, y después a escribir el libro, que es ficción de raíz autobiográfica. Hago ficción a partir de mí mismo y, sí, el narrador es mi alter ego.

A.C. El material de su novela está compuesto fundamentalmente de ideas y temas. ¿Es la función de "El silencio" la transmisión de contenido? ¿Qué contenido?

G.H. El objetivo de una novela no es necesariamente transmitir ideas, aunque a veces, por suerte, pueda lograrlo. Mi objetivo era contar una historia que pudiera ser leída como una fábula, como un cuento. Y mi miedo era que fuera una fábula demasiado bonita. Por eso incluí personajes reales y partes más ensayísticas: quería que el lector viera que la curación espiritual que se propone Umiko, la protagonista, es plausible. Pero sobre todo quería mostrar que hay gente, como ella, se aferraría a cualquier esperanza en una situación límite.

A.C. ¿Qué autores le interesan? ¿Hay ecos voluntarios de otros escritores en esta novela?

G.H. "El silencio" quiere ser un homenaje, salvando las distancias, a autores japoneses como Kawabata o Tanizaki. Y también Murakami, que me gusta mucho por su manera de jugar con la realidad y la irrealidad, con mundos que parecen mágicos y oníricos. Creo que en mi libro hay también ese juego entre dos pilares, uno racional y otro irracional.

A.C. Su noción personal de "autoayuda" es muy amplia, como la del narrador de su novela, que evoluciona de un cierto escepticismo a una postura menos crítica. ¿Espera que el lector haga lo propio?

G.H. Creo que cualquier buena película o cualquier buen libro puede ser autoayuda, y ya encontramos en la filosofía latina tratados prácticos sobre cómo enfrentarse a problemas sentimentales. Pero cuando hoy hablamos de "autoayuda" nos referimos a algo muy amplio, sí, que incluye libros de mucha calidad y de muy poca. Luis Rojas Marcos hace autoayuda, Punset hace autoayuda...y son autores indiscutibles. Pero echo de menos que la literatura seria refleje el mundo de la autoayuda, que fascina a muchísimos lectores casi fanáticos del género, como Pema, mi personaje. Los libros de autoayuda son el motor de las vidas de muchas personas.

A.C. Occidente lleva dos siglos fascinado por Oriente, o por lo menos por un cliché exótico vagamente Oriental que entró a través del arte.¿Por qué esta fascinación es ahora por los aspectos espirituales de Oriente? ¿Por qué es masiva?

G.H.Ya lo dijo Jung: hemos basado nuestra sociedad en la razón y Oriente ha cultivado otros aspectos del ser humano, como la intuición. Creo que Occidente ha descubierto tarde que la felicidad no viene de fuera sino de dentro de las personas, algo que el misticismo oriental sabe desde hace tiempo. La razón no nos hará nunca felices, y Occidente busca la felicidad. Por eso nos volvemos hacia Oriente.

A.C. Pero, ¿son las sociedades orientales más felices? ¿Es Japón un modelo de felicidad?

G.H. Es que el zen, como otras tradiciones, también se está perdiendo allí. El zen, que Umiko practica, se ha banalizado mucho, pero es en esencia una tradición práctica que puede ayudar a vivir mejor. El tao es igualmente de una sabiduría extrema. En un mundo que es cada día más pequeño, miramos a Oriente para integrar lo mejor de todas las tradiciones.

A.C. ¿Qué diferencias hay entre el momento actual y la ola de misticismo de los sesenta, cuando India parecía ser el centro espiritual al que Occidente miraba?

G.H. Hay un punto de conexión, pero la gente es más práctica ahora. Esto se ve en la práctica del yoga, que es meditación en movimiento. Aquí usamos el yoga, como el tai chi, para vivir mejor, como disciplinas físicas que ayudan a ser más felices. Integramos esas prácticas en nuestro día a día.

A.C. La razón es la base del pensamiento occidental. Es la base del método científico, de la filosofía, de la lógica, y es lo que estructura el funcionamiento de nuestros pensamientos.

G.H. Pero la felicidad es incompatible con la razón. Desde la Ilustración, hemos cultivado mucho la razón y el pensamiento. Como dice mi protagonista Umiko, hemos hipertrofiado nuestras mentes con pensamientos sólo dirigidos por la razón. La razón es útil, pero no basta para ser feliz. A través de la meditación, que es otro de los pilares de la novela, podemos llegar a distanciarnos de nuestros pensamientos, que son más de sesenta mil al día, y así llegar a ser más felices.

A.C. ¿Qué aporta Occidente a Oriente en este intercambio?

G.H. José Casanova, teólogo en la Universidad de Georgetown, lo expresa muy bien. Dice que la respuesta oriental a la colonización ha sido el yoga, más científico que cualquier religión y más religioso que cualquier ciencia. Nosotros aportamos la ciencia, la tecnología y nuestra religión, y Oriente nos contestó con el yoga.

A.C. Su novela plantea un tema extraordinariamente polémico: la posibilidad de la autocuración en casos extremos.

G.H. Mi protagonista, Umiko, busca sanarse en un momento en el que ya no hay esperanza. Basa sus ideas en las teorías de Masaru Emoto, un autor japonés que sostiene que las palabras y los pensamientos modifican la estructura molecular del agua. Como nosotros somos agua, si nos repetimos a diario que somos desgraciados nuestro cuerpo se resiente y enferma. Emoto participa en grandes ferias, en las que repite un experimento: a la entrada, coloca dos sacos enormes de arroz, que también es agua. Pide a la gente que insulte a uno de los sacos y que diga palabras bonitas al otro. Al cabo de un tiempo, el saco insultado se pudre y el otro está perfecto. Emoto propone que hagamos el experimento en casa.

A.C. Sin embargo, los casos de autocuración -o de remisiones espontáneas- son excepcionales. Es un terreno en el que hay testimonios pero no datos, historias pero no historiales médicos contrastables, teorías en lugar de hechos.

G.H. Yo he hablado con más de cincuenta personas que han creado remisiones espontáneas contra pronóstico, pero esos casos no se investigan porque son una minoría. Yo defiendo a nuestros médicos. Tenemos grandes profesionales y uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, pero pido que esos casos, que se contabilizan como fallos de diagnóstico, se investiguen para conocer qué mecanismos activa el cuerpo al curarse a sí mismo y hasta dónde podemos llegar. No se pueden generar falsas esperanzas, pero estos casos existen. Es un tema que se discute mucho, y yo no lo trataría en un ensayo o en mi programa de radio porque no soy médico, pero la ficción puede ser arbitraria e ir más allá.

A.C. La confesión, la terapia o la conversación son ejemplos cotidianos de curación a través de la palabra. Sin embargo, Umiko propone al narrador que hable mientras ella duerme, esperando que la vibración del discurso -y no el contenido- conecte con la parte "reptiliana" de su cerebro. ¿Por qué?

G.H. En realidad, Umiko busca el amor que está en la comunicación a través de la palabra. Pero no puedo contestar a esto exactamente. Suscribo lo que dice Martin Amis: las novelas salen de un rincón del inconsciente. El porqué lo tiene mi inconsciente.

A.C ¿Por qué elige Formentera como escenario de su novela?

G.H. Formentera e Ibiza fueron paraísos hippies y son unas islas simbólicas que todavía no han sido reflejadas en la literatura. Baltasar Porcel escribió sobre Mallorca. Yo creo que el paisaje es, más que un estado de ánimo, una placenta que nos contiene. Me interesaba que esa placenta fuera especial, como Formentera. También me interesó colocar a una japonesa que trabaja como profesora de meditación en la isla. Difícilmente se ganaría la vida. Hay profesores de yoga, pero en verano.

A.C. Los misticismos antiguos, como el zen, nacieron en un contexto histórico y social radicalmente distinto del nuestro. ¿Cómo puede adaptarse una filosofía de vida tan alejada a nuestro tiempo?

G.H. Al mirar al zen hoy día no intentamos reproducir la estructura de un monasterio. Estamos hablando de la relación que cada uno tiene con su mente. Podemos importar y adaptar lo mejor para nosotros.

A.C. Muchos de los elementos que aparecen en su libro son comunes a muchas religiones, como el pensamiento no racional, intuitivo, a través de analogías y parábolas, la lucha contra la razón. Muchos misticismos, incluido el católico, propugnan este mismo discurso emocional e irracional. ¿Por qué elige que el viaje espiritual de Umiko sea de raíz zen? ¿Por qué esa tradición?

G.H. Borges decía que nos creemos más las historias si los personajes vienen del extranjero. Si Umiko fuese de Córdoba, Málaga, Madrid o Barcelona no entenderíamos igual sus intenciones. Hay un matiz...Pero para aprender a meditar no hay que ir a la tradición zen necesariamente. Yo quise que mi personaje fuera una experta en zen porque no veo esa realidad reflejada en las novelas. Hay muchos aspectos de la vida que la literatura seria no refleja: el amor a través de internet, las redes sociales, etc. La meditación, el zen, la capacidad de enfermar o curar de las emociones son temas que habitualmente no se tratan en las novelas. Por eso elegí a Umiko como protagonista.

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