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jueves, 25 de agosto de 2016 - 06:27

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“El faro por dentro” y “La niebla, tres veces”

ENTREVISTADOR:Pablo Chul

27 de enero
“El faro por dentro” y “La niebla, tres veces”

Menchu Gutiérrez

(Madrid 1957) Ha publicado los siguientes poemarios: "El grillo, la luz y la novia" (1981), "La mordedura blanca" (Premio de Poesía Ricardo Molina, 1989) y "La mano muerta cuenta el dinero de la vida" (1997). Y las novelas "Viaje de estudios" (1995), "Latente" (2003), "Disección de una tormenta" (2005) y "Detrás de la boca" (2008)


"Lo que lees se transforma en ti: tú te alimentas y todo pasa a través de ti, pero no de manera consciente".


"Me gustaría pensar que la lectura arrastra y se convierte en experiencia, y si al final se produce la reflexión es como un regalo de los dioses..."


Menchu Gutiérrez es una autora libre y exigente, alejada de la rutina narrativa convencional y comprometida con una escritura personal y lírica que tiene raíces en la poesía y vínculos con la herencia de autores como Robert Walser y Bruno Schulz. Como en la poesía, su verbo parece nombrar cada objeto por vez primera y crearse desde la tensión de estar frente a un mundo que es al mismo tiempo el mundo y su símbolo. Charlamos con Menchu Gutiérrez con motivo de la publicación de "El faro por dentro" y "La niebla, tres veces", compilación de sus tres primeras novelas cortas, en la editorial Siruela.

Ámbito Cultural: "El faro por dentro" reúne dos textos. Uno es la evocación del último día de vida en el faro y el otro es "Basenji", una novela corta que recupera ahora.

Menchu Gutiérrez: "Basenji" es un texto que escribí al poco tiempo de instalarme en el faro, a los dos o tres años, cuando todavía estaba un poco conmocionada con su presencia. Surgió de manera natural, y fue mi primer texto en prosa, y mi primer texto narrativo publicado. Yo escribía poesía y había escrito cuentos, relatos, pero poca cosa. El faro, de repente, me exigió la prosa, aunque siempre creo que mantengo un compromiso con la poesía haga lo que haga.

A.C. ¿Dónde está ese compromiso?

M.G. Creo que la poesía no pertenece sólo a los poemas: es el alimento de todos los lenguajes creativos, incluyendo la novela, o al menos las novelas que a mí me interesan, las que creo perdurables. Todas ellas tienen un componente poético común, que no es sólo el lenguaje. Parece que todo el mundo está de acuerdo en que la poesía es un lenguaje cuidado, pero yo creo que hay muchas más cosas que son poesía y que atañen, por ejemplo, a la estructura de un libro. En este caso, creo que la manera de mirar es una mirada poética.

A.C. ¿Cuándo y cómo sabe que ha escrito algo que se puede convertir en un texto? ¿Parte del tono, de una imagen? ¿Cómo fue en el caso de "Basenji"?

M.G. Yo había escrito dos poemas largos en los que hablaba, no sé por qué, de este perro. Es un perro que existe en realidad, un perro entre podenco y galgo cuyo antepasado parece ser el que aparece en los jeroglíficos egipcios, representado sobre todo junto a las tumbas. Es el perro que podría llevar mensajes del mundo de los vivos al de los muertos, y me pareció un elemento muy conveniente para este libro que me empezaba a rondar, porque mis poemas se alargaban ya peligrosamente... Algo me invitaba a reflexionar con un tiempo distinto.

A.C. ¿Y el faro?

M.G. El faro es un lugar muy complejo, muy extremo. Existen las dos cosas: si tu estado de ánimo es sereno es un lugar privilegiado para un creador, pero si te hundes un poco, el menor desliz puede convertirse en una tragedia. El aislamiento, el silencio, los temporales... Yo decidí desarrollar en el texto el viaje del farero, un ser que se mueve por muchos niveles de la realidad, incluso peligrosamente.

A.C. Es un lugar literariamente muy cargado, lleno de connotaciones. Se diría que casi condicionaría la narrativa...

M.G. Es un lugar arquetípico. Es como vivir en el vientre de un templo, de una iglesia. Es magnético. Muchísima gente busca el faro, para ver la puesta de sol, para fotografiarlo, y por la noche su valor es incomparable para la gente de mar: por mucho navegador que lleven en el barco, no hay tranquilidad hasta que no ven la luz del faro. Y toda esa fuerza y esa rotundidad pesan. La palabra energía está gastada, pero el faro parece concentrar de verdad energía: atrae las miradas durante el día, y por la noche irradia luz, como si la hubiera fabricado.

A.C. El farero es un personaje igualmente arquetípico, el último habitante del mundo, un ser al borde de la alienación. El protagonista de su novela recuerda en algo al narrador del último texto que escribió Poe antes de morir, "The lighthouse".

M.G. Devoré la obra de Poe, pero tiempo antes de vivir en el faro. Después, ya en el faro, traduje una selección de textos suyos acerca de la ciencia-ficción, pero no tengo recuerdo de ese texto. "Basenji" partió de de mi obsesión por este perro mudo y por la lectura del Libro de los Muertos egipcio.

A.C. ¿Hay una transmisión directa de sus lecturas a sus textos?En el fondo de "Basenji" está el Libro de los Muertos, y el concepto de insipidez en el paisaje que hizo popular el ensayista François Jullien parece nutrir las tres novelas cortas reunidas en "La niebla, tres veces".

M.G. El texto de Jullien es delicioso, pero no hay una transmisión directa y consciente. Fue al reunir las tres novelas en un volumen cuando reflexioné sobre la niebla y me vino a la cabeza el texto de Jullien, que no alimentó las novelas en origen. Lo que lees se transforma en ti: tú te alimentas y todo pasa a través de ti, pero no de manera consciente.

A.C. Como los sueños, que impregnan también el tono con el que percibimos el día.

M.G. Exacto. No utilizo tampoco mis sueños, y tengo algunos muy poderosos, que podrían transformarse en algo, pero estoy convencida de que mis sueños siguen poseyéndome durante la vigilia, y que dejan un poso que después se introducirá en el texto.

A.C. ¿Trabaja de una manera metódica y planificada?

M.G. No tengo un horario, pero necesito escribir todos los días, aunque sea una línea. Y no concibo la escritura como un trabajo. Paso mucho tiempo rumiando, dándole vueltas al germen de un texto en la cabeza, pero no con palabras. Voy notando que llego al estado propicio, al grado de concentración que me requiere, y entonces escribo.

A.C. ¿Es la experimentación formal un fin en su obra?

M.G. No en sí mismo. Creo que cuando uno hace el esfuerzo de responder a lo que quiere comunicar, y lo escribe, la forma se impone. No tengo cálculo, no me digo que quiero hacer algo formalmente extremo ni añadir este o aquel elemento. Pero el resultado, si he conseguido escribir desde el estado de concentración mencionado antes, es original. Procuro al mismo tiempo ser inteligible, claro, porque debo serlo para mí misma...

A.C. Su compromiso con un universo y un lenguaje propios resulta excepcional en la narrativa actual en nuestro país. ¿Detecta uniformidad o falta de riesgo o ambición en lo que se publica? ¿Se ve a sí misma como dueña de una trayectoria distinta?

M.G. No estoy sola frente al peligro editorial ni, por supuesto, desprecio a mis contemporáneos en absoluto, pero tengo amigos escritores con los que comparto cierto cansancio por el camino trillado, y sobre todo por la vulgarización del pensamiento. Pero debo ser sincera: mis lecturas son extrañas... Leo más ensayo que novela, y algo de poesía, pero me cuesta que me guste algo.

A.C. Dos de las novelas reunidas en "La niebla, tres veces" parecen estar construidas sobre la idea de dos elementos contrarios que se atraen y se repelen, y de ahí surge la tensión narrativa...

M.G. Sí, eso es muy visible en "La tabla de las mareas", pero me interesaba, más que la oposición entre la iglesia blanca y la iglesia negra, izquierda y derecha, hablar del nacimiento del sentimiento de culpa. El espacio intermedio es lo que me interesa de casi todas las categorías dobles.

A.C. ¿Y los personajes? También hay una renuncia a la caracterización psicológica tradicional que busca la empatía del lector...

M.G. Son arquetipos. En "El faro por dentro" he hecho un esfuerzo por no usar un sujeto inmediato. Quiero hablar de un sujeto universal: no hablo de mi faro sino del faro. Trato igual los elementos arquetípicos: lluvia, nieve, niebla...En un texto anterior, "Latente", elijo cuatro elementos como elementos arquetípicos, y la mujer protagonista es la mujer.

A.C. Entonces, ¿qué es lo que supone que hace avanzar al lector en sus textos? ¿El lenguaje? ¿La voz?

M.G. Es una mezcla complicada de diseccionar, un conjunto de cosas. Creo en casi todos mis libros hay atmósfera, textura, y todos los sentidos están activos, sin abandonar nunca la reflexión. Me gustaría pensar que la lectura arrastra y se convierte en experiencia, y si al final se produce la reflexión es como un regalo de los dioses...Pero no tengo una imagen concreta del lector; me gustaría pensar que al otro lado del libro hay un lector activo, que participa de la lectura y llena los puntos suspensivos.

A.C. ¿Qué autores lee?

M.G. Los ensayos de François Jullien me han fascinado. Leo ahora a Etienne Klein, y desde luego a Danilo Kis. Pero mi pasión es Bruno Schulz, y además tengo otras debilidades... Releí a Virginia Woolf para "El faro por dentro"; la había leído hacía tiempo, pero volví a "Al faro" cuando me di cuenta de que yo empezaría a ver el faro desde lejos, como la señora Ramsay. Esta vez lo leí en inglés, y me sumergí en el mundo de Woolf, que me trastocó completamente... Es prodigiosa. Además, he descubierto a Birgitta Trotzig, una autora sueca que me parece muy buena, y me gusta mucho Chantal Maillard. De los autores de todos los tiempos, por supuesto San Juan de la Cruz, a quien hay que volver una y otra vez, sobre todo a su prosa. Y también me gusta muchísimo Cirlot.

 

Enlaces de interés

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El faro por dentro

  • Autora: Menchu Gutiérrez
  • Editorial: Siruela
  • Fecha de publicación: 11/01/2011
  • Número de páginas: 176
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La niebla, tres veces

  • Autora: Menchu Gutiérrez
  • Editorial: Siruela
  • Fecha de publicación: 11/01/2011
  • Número de páginas: 264
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