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sábado, 06 de febrero de 2016 - 12:27

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"Los ensimismados"

ENTREVISTADOR:Guillermo Aguirre

19 de enero
"Los ensimismados"

Paul Viejo

(1978) es autor de la novela "La madera y la ceniza", del libro de poemas "Extraña forma de memoria", de la monografía literaria "Sherlock Holmes: Biografía", y de "Quinta Avenida esquina con qué", por los que ha recibido el Premio Blas de Otero de Poesía, Premio Nacional de novela Francisco Ayala y Premio Arte Joven de Teatro.

Guillermo Aguirre

(Bilbao, 1984). Ganador del Premio Lengua de Trapo de Novela. "Electrónica para Clara" (2010) es su primera novela publicada. Ha trabajado para diversas editoriales y ejercido la crítica literaria.


«(...)desconfío por igual de “autobiografías”, como esta, confusas e imprecisas, donde uno no pueda sacar una vida en claro, como de aquellas en apariencia más explícitas, pero normalmente igual de sesgadas o ficticias».


«A veces tengo la sensación de escribir no porque sepa qué voy a contar sino para saber que estoy contando. El día que no ocurra algo parecido a eso, que deje de ocurrir, me interesará poco escribir».


 

He venido hasta Milán para entrevistarme con Paul Viejo y pasar unos días agradables con motivo de la reciente publicación de su libro de relatos "Los Ensimismados", un volumen de relatos atípico, de alto nivel atmosférico y de lenguaje cuidado, un recorrido literario de más de diez años que es también una poética personal y un modo de ver la literatura y el mundo que la literatura intenta representar.

El lugar elegido para el encuentro es la Vineria Safarti, el bar de la librería Utopia en la vía Moscova. Pierdo un poco el tiempo en el piso central de la librería mirando los nombres de las editoriales Italianas y observando los colores y composiciones de sus cubiertas. La vinatería está arriba, en el segundo piso. Allí, al fondo y en una mesa pequeña y blanca que está junto a la barra encuentro a Paul Viejo. Agradezco que, a diferencia de la contracubierta del libro, no lleve ninguna tela semitransparente en la cabeza. Antes de comenzar me pregunta que quiero tomar y me asegura que la cerveza y los vinos son de factura artesanal, por lo bajo añade:

- Y espera ver a la camarera.

Paul Viejo no se equivoca ni con lo primero ni con lo segundo, así que le pedimos a lo segundo dos vinos de lo primero y empezamos.

-Los Ensimismados, o Los Ensimismados y Los Descreidos, dos partes de un mismo volumen de cuentos, la una subsidiaria o revulsiva de la otra y, sin embargo, las dos partes de un volumen cuya maduración se ha llevado a cabo a lo largo de diez años. Una de las grandes sorpresas teniendo en cuenta semejante periodo en barrica es la clara unidad tonal y atmosférica del conjunto.
¿Cómo se desarrolló?
¿Qué cantidad de correcciones y ajustes de tono se tuvieron que dar para llegar a tener un libro que más que escrito a lo largo de un periodo tan grande (con los cambios de estilo que suelen darse en ese tiempo) parece escrito a lo largo de un mismo estado anímico o febril?
El estado de Paul Viejo.

-Para mí también fue una sorpresa, cuando ya me enfrenté al libro casi cerrado para entregar a sus editores, notar que, como bien dices, todos los cuentos compartían un tono similar pese a que pudiera haber tanta diferencia de tiempo entre alguno de ellos. Creo que esto puede responder a dos cosas: una, que desde mucho tiempo antes yo ya sabía que se estaba formando un libro llamado "Los ensimismados". Es decir, desde la escritura de los cuentos más antiguos quise avanzar en determinadas direcciones que llevarían al libro y esto hizo no tanto que condicionase mi forma de escribir (porque entremedias ha habido más proyectos y escrituras diferentes) como que reconociera la aparición del tono, o de los temas también, en un cuento escrito y supiera inmediatamente que pertenecía al volumen. Pero también, la segunda razón, una constante rescritura, eso es verdad. He "toqueteado" estos cuentos millones de veces, una y otra vez, además hasta el último día. No es, precisamente, porque sea un exigente orfebre (aunque también) o porque busque que los relatos quedasen "perfectos". Casi al contrario, en ocasiones la corrección, la insistencia y la rescritura condujeron a "reventar" relatos, alejarlos incluso de su forma inicial. Pero es que estos cambios eran los que iban acercando unos cuentos a otros a lo largo del tiempo, y sobre todo, acercándolos a mí, al "yo" que fuera en ese momento. Diez años tiempo suficiente para que se den muchos cambios, sobre todo en uno mismo y a nuestra edad, y aunque en todos ellos hay rastro de cuándo fueron escritos, es un elogio que no se pueda reconocer. Es la confirmación íntima de que, en efecto, era "un libro" y no una recopilación de algunas cosas que había escrito.

-Así que entiendo existen relatos cuyo parecido con el original es pura ficción. Eso hace que uno sienta mucha curiosidad por los originales. ¿Podrías darme el ejemplo de alguno de ellos que no tuviera que ver nada con el final? Digamos de uno de esos que, en su estado primero, te arrepentirías de haber escrito?

-Mira, por ejemplo, el que se titula "Una mirada irlandesa" era inicialmente mi tributo al "acto de fumar entendido como una de las bellas artes". Era solo una escena de un tipo fumando y combustionándose. No había ni pareja hablando, ni problemas con la escritura, ni secretarias. Un día me apeteció escribir así, sobre eso y lo hice desde ese cuento (que ahora recuerdo, además, se llamaba "Compañera"), pero fíjate que no lo considero un arrepentimiento sino una transformación en otro cuento.

"Robert & Geena", que es un cuento que escribí muy cabreado y con muy pocas ganas de terminarlo, tenía originalmente cuatro finales. No cuatro opciones entre las que elegiría, sino cuatro muertes diferentes de uno de los personajes para insistirme a mí mismo en el poco sentido que tenía lo que estaba haciendo. Supongo que cambió cuando se me pasó el cabreo.

Y, por ponerte un último ejemplo, de las dos voces de "Sin salir de Marta" la más lírica (la que es casi premeditadamente cursi) no cambio nada desde 2003 que es cuando lo escribí. Sin embargo la otra, la que habla entre corchetes fue cambiando constantemente sus intervenciones hasta la publicación del libro, no por que fueran correcciones, sino porque a lo largo de los años ese personaje tenía cosas diferentes que decir. Es un proceso bonito ver cambiar un libro así. Insisto, no porque haga de él un libro mejor, sino porque casi va haciendo "otro".

-Relatos que no desean contarse, que se desmienten, que se saben relatos, personajes que se saben personajes y escritores que dudan de serlo mientras se enfrentan a sus propios textos, todo un teatro de telas que esconden o dejan entrever la semilla de lo dicho y lo no dicho, de lo cierto y de lo incierto.
¿Es este libro una poética, una declaración de intenciones?

-Si sólo fuera una declaración de intenciones, habríamos fracasado, porque significaría que estoy explicando lo que tengo pensado hacer y, la verdad, nunca sé, después de haber escrito, si lo voy a volver a hacer. Pero eso no quiere decir que haya renunciado, es verdad, a incluir mi "poética", si es que solo tengo una. Lo cierto es que veo "Los ensimismados" como un libro de cuentos con manual de instrucciones incorporado. Nada imperativo, espero que sutil y, sobre todo, optativo, pero sí hay en el libro suficientes claves para leerlo como a mí me gustaría que se leyera, teniendo en cuenta las cosas que yo tenía en cuenta durante su escritura. No es que haya que leerlo de una única forma, pero ya que todo lector parte con un "horizonte de expectativas" que no podrá evitar (condicionado por mil cosas, su propia situación, sus intereses, lo que sabe del libro o del autor, mil cosas, ya digo), ¿por qué no iba a incluir yo el mío propio.

- Y así, por encima y en tercera persona, ¿Cómo sería ese manual de instrucciones de Paul Viejo de llegar a ser?

-Que a Paul Viejo no le gusta contar batallitas, porque se aburre, y que si parece que lo hace seguramente esté haciendo otra cosa. Que si Paul Viejo ha escrito algo hay que dar por hecho que ha sido conscientemente y hay un porqué, pero también que Paul Viejo exige entonces que el lector sea consciente de por qué razón está leyendo él eso. Que si hay cosas que no se entienden, no pasa nada. Que si hay cosas que se entienden demasiado bien, quizá sea algo como lo de la carta de Poe encima de la chimenea. Algo así pondría en ese manual de instrucciones.

-Existe una tendencia en los relatos por huir de un lugar geográfico concreto. Saltan desde Milán a Pasadena o a Boadilla. Nombres como Claire, Bernard, Ron Sheppard, Maureen, Jack o Jimmy Dodge parecen llevarnos de una esquina a otra del planeta. También se escriben sin coordenadas sociales o políticas concretas. Es algo que he observado en más escritores de relatos y en algunas novelas modernas.
¿El relato, no importa donde ocurra? ¿Puede ocurrir en cualquier parte?  
¿Se le queda pequeña España al cuento?

- La literatura puede ocurrir en cualquier parte y no importa dónde ocurra, eso lo tengo claro. A mí me da lo mismo si me están hablando de un príncipe danés o de un señor ruso, si lo que sucede está sucediendo en Frolik-7, en un Madrid inundado o en México DF, hoy, ayer o mañana. Si sigo leyendo determinados libros es porque esos datos eran irrelevantes al final. Ahora bien, eso no significa que no admire (y envidie a veces) a los autores que son capaces de describir su tiempo, de mostrarnos al resto el mundo desde el que escriben y desde el que les leemos. Pero, en el caso de este libro, eso no iba a aportar mucho. Casi al revés. Si pretendía que este libro, que considero íntimo y personal por encima de cualquier cosa, pudiera entenderse (leerse, al menos) desde cualquier lugar o momento tenía que huir de referencias que al final serían límites. ¿Aportaría algo realmente que la historia del chaval que apunta a su padre se desarrollase en una escalera de un edificio madrileño, como ocurrió, en lugar de en ese granero ilocalizable? ¿O si situase el último cuento en el año 2002, que es cuando tuvo lugar lo que se apunta, ganaría algo el lector? Tiempo y espacio: ¿Tengo que escribir sobre el lugar en el que vivo, en el que he vivido o en el que voy a vivir? ¿Describir lo que sucede hoy aunque, como pasó con este libro, eso vaya a publicarse una década después?

- ¡Me haces más preguntas a mí que yo a ti! (Risas) ¿La historia del chaval que apunta a su padre ocurrió en Madrid? ¿En dónde? ¿Procede de una noticia o es algo que viste? Aportar probablemente a un relato que no es de índole social no aporte nada esta información, cierto, pero ahora me pica la curiosidad…

-Es que todas esas me preguntas me las he hecho yo muchas veces, no creas. O me las sigo haciendo, porque es importante planteárselas antes de escribir incluso. Y aunque no sé si calmará tu curiosidad: el chico del granero con una escopeta, Jack, es un chaval mandando a la mierda a su padre hace veinte años. Es la sensación -y no el lugar ni la anécdota- de ese encuentro lo que recoge ese relato, que de paso aprovecha para soltar alguna de esas claves que te decía antes. Por eso no importa ni el lugar, ni la forma en que ocurren las cosas. O muy poco.

- No preguntaré quién era el chaval, entonces. En la solapa del libro se habla de "una autobiografía confusa" pero la mera aparición del propio autor en alguna esquina del relato no hace de ello una autobiografía.  ¿Crees que una biografía no está hecha de elementos concretos y situaciones concretas, sino más bien de estados generales, anímicos o atmosféricos?
¿No es esta una predilección por el lenguaje (la literature) más que por la trama?
¿Qué quieres del lenguaje? ¿Qué esperas de tu propio libro?, ¿y de la literatura?

- Indudablemente eso solo no hace de ello una autobiografía, aunque en general tampoco tenga por qué hacerlo una selección de "momentos" que un autor pueda seleccionar. Quiero decir que desconfío por igual de "autobiografías", como esta, confusas e imprecisas, donde uno no pueda sacar una vida en claro, como de aquellas en apariencia más explícitas, pero normalmente igual de sesgadas o ficticias. En ambos casos, sí, me importan más las sensaciones recogidas que los hechos narrados literalmente. De nuevo cierta despreocupación por los espacios y los hechos concretos, o la importancia que les damos. Y si a una narración le despojas de estos, o ignoras su peso, pues entonces, sí, solo queda el lenguaje. Un lenguaje que recupere sensaciones casi por sí solo frente a uno que recupere viejas anécdotas. La mejores autobiografías, y lo digo solo para recordármelo a mí mismo, las he leído en libros de poemas.

- Espero que no te refieras por ejemplo a aquella críptica lectura de Ferrari en la edición comentada de Trilce, donde nos decía que Vallejo estaba cagando en la cárcel, cuando el poeta decía sencillamente "testar las islas que van quedando"…

- (Risas). Eso le ha quedado muy "Pálido fuego", señor Kimbote. Pero ¿ves? Aunque uno no quiera, siempre se va a buscar la parte "real" de todo. A ti te habrá sucedido, seguro, que has escrito algo y no pasa mucho tiempo hasta que llega al menos una persona y te pregunta si es autobiográfico, o cuánto de autobiográfico tiene. Por eso empecé por ahí y por eso el subtítulo. Es una autobiografía. Aunque es confusa. Ya se lo digo yo a lector, así ahora puede saltar al siguiente problema.

- Saltemos pues al siguiente problema. Te he escuchado decir que a lo largo de la creación del libro te preguntaban: ¿Qué hiciste hoy Paul? Y tú respondías: Escribí un relato ensimismado. Sin embargo de las dos partes que conforman el volumen encontramos que al final la parte de Los Descreídos gana en páginas por goleada a la parte de Los Ensimismados.
¿Existen más "descreídos" que "ensimismados" en este mundo?
Paul Viejo, el descreído o el ensimismado.

- En páginas sí, es verdad, pero no en número de relatos y, además, no creo que en el caso de los cuentos afecte mucho la extensión. Creo que están "compensados" en su contenido. Eso suponiendo que sea del todo cierto que se puedan dividir en dos partes tan radicales como propongo. La línea que los diferencia es sutil, y a veces muy personal, porque no es únicamente por las cosas que cuenten o cómo se haga, sino que algunos cuentos son descreídos o ensimismados precisamente por la actitud que tuve yo con ellos a la hora de escribirlos. En cualquier caso ambas posturas son complementarias y deberían estar compensadas. Me gustan los descreídos por ese paso adelante que intentan dar, pero también porque, por fuerza, han tenido que ser ensimismados antes. Un mundo solo de ensimismados sería un soberano aburrimiento, pero uno en el que no hubiera los suficientes, sería peor.

- Así que el "ensimismado" se convierte en "descreído" de forma natural o por naturaleza. ¿Podrían haberse convertido los "descreídos" en "ensimismados" del mismo modo? ¿Pueden acaso?

- Me cuesta imaginar el camino contrario. Cuando uno vive, lee, escucha, sabe determinadas cosas es difícil ignorarlas y dar marcha atrás. Hay cosas que uno no querría saber, porque se cargan esa "ilusión", en todos sus sentidos, que debe tener todo ensimismado.

- En muchos de los relatos se desdibuja la línea que delimita la realidad de la ficción pero sin embargo sólo uno dice de manera directa: "Mi Problema: la realidad".
¿Es la realidad un problema para Paul Viejo?
¿En que lugar de la balanza, realidad o ficción, se encuentra más a gusto Paul Viejo?
Donde le gusta vivir a Paul Viejo.

- La realidad es un problema siempre, aunque solo sea porque no podemos evitarla. Y yo no huyo de ella, aunque me queje, ni siquiera escribiendo. Quizá lo que ocurre es que tiendo a adoptar una postura, si quieres, bastante solipsista que afecta, claro, a la escritura. Pero, ojo, que puede ser la misma postura egoísta (pienso en Stirner al decir esta palabra) con la que funcione en cualquier situación: intento decidir qué se queda dentro y qué fuera de lo que hago. Por eso sí que no tengo clara esa línea que todos tenemos necesidad de establecer cuando leemos, o cuando escribimos. ¿Qué más da si es verdad o mentira lo que te estoy contando si a mí no me importaba cuando lo hice?

- En términos literarios no parece importar (prefiero la mentira o dar por supuesta la ficción) pero en el mundo real y normalmente en situaciones de pareja, ¡fiuuuu! ¿Ahí también confundes lo uno con lo otro, o aquí en la realidad eres un caballero honorable?

- En el Mundo Real™ mentimos constantemente, aparentamos ser lo que no somos, o no como somos exactamente. Incluso hasta creérnoslo nosotros mismos. Todos, ¿eh? Construimos personajes todo el rato, algunos que son muy buenos y otros que… En fin. Y ya cuando contamos nuestra vida ni te digo…Pero eso no es malo, es parte del juego de conocernos y conocer a los otros. Lo que pasa es que hay veces en que no nos damos cuenta de la ficción hasta el final, o hasta que es muy tarde.

- Hasta que es muy tarde es narrativamente un buen final. A lo largo de lo que llevas de vida has coqueteado (como autor) con cuatro de los grandes géneros de la literatura, teatro, novela, poesía y ahora relatos. Me cuesta creer que no exista un amante preferente, que seas capaz de semejante "ligereza de cascos".

- Claro que existe un amante preferente, pero depende del momento, como ocurre siempre con los amantes. Cada uno de los libros y de los géneros ha tenido su momento y sus razones. Si solo pudiera elegir uno, si tuviera que casarme, sería con la narrativa, lo tengo "casi" claro, aunque ahí ya me dan un poco igual las estructuras y que sea novela o cuento. Pero sería un matrimonio desgraciado, eso seguro. A veces me han preguntado si "volveré" a uno u otro género, porque, si te fijas, la publicación de cada uno de ellos se ha dado una única vez. Pero eso es como si fuera descartando uno por otro, y no es así, porque todos se han escrito mezclándose con otros, cuando escribía un libro había otro empezado y escribiéndose también poco a poco. ¿Cómo elijo así uno de ellos? Llevo mal ese tipo de elecciones, como he llevado siempre mal el tema de la especialización. En lo que sea.

-¿Y tienes algún relato preferido dentro del volumen, uno más querido? ¿Y Por qué?

- A todos les encontraría un motivo, porque todos responden a una parte de mi vida, o corresponden a un gesto concreto, tienen una razón que, al ser personal, sigue siempre importante. Pero "Mi regalo para Ronald, empapada en whisky" sigue sorprendiéndome a mí mismo, o inquietándome, y por eso lo tengo entre mis favoritos.

- ¿Regalo? ¿Ronald? ¿Empapada en whisky? ¿Estámos seguros de que yo me he leído ese relato?

- (Risas) Sí, hombre, el de las dos tías en chándal, y el bar y los lobos. Hay a quien le gusta formalmente, su estructura, el uso del condicional y todo eso. Hay quien dice que es arrogante y tierno al mismo tiempo. Y hay a quien le gusta porque no termina de saber lo que sucede. Mira, ese cuento, a propósito de lo que hablábamos antes, salió del tirón, sin apenas correcciones.

- Existe una sensación de volumen abierto o inacabado en el libro, como si ya desde el principio, cuando el narrador nos dice "Sólo si Jack es capaz de mantener en alto la escopeta, si logra permanecer apuntando un tiempo considerable, este cuento puede llegar a alguna parte", existiera una premeditada idea de fracaso y de imperfección. (Podemos verlo en el relato "Cada Noche"). Es como si el propio texto sufriera el miedo a descalabrarse y el mundo entero estuviera sujeto por unos hilos en permanente tensión que pueden romperse en cualquier instante y dar al traste con todo.
¿Este libro, lo escribió Paul Viejo o se escribió a sí mismo?
¿Te sorprendió alguna vez un relato tomando sus propias decisiones y llevándote la contraria por más que tu le dijeras que ese no era el camino?
¿Está la literatura viva más allá del oficio?

- Lo escribió Paul Viejo pero sin que Paul Viejo supiera exactamente qué era lo que iba o quería escribir, así que un poco ambas cosas. Pero como odio ponerme a hablar en tercera persona de mí mismo, te diré que ese era parte de "plan", si es que lo había. Es un poco lo que decía antes, intentar que sea el lenguaje el que construya sensaciones, pero sensaciones que he vivido y quiero recuperar. Evidentemente era yo quién tenía que escribir el libro, pero también él a sí mismo, más en este caso que es un libro en el que yo era una parte importante.

No es tanto que haya relatos que tomen sus propias decisiones, sino que procuro que el primer sorprendido (o el único a veces) con un relato sea yo. A veces tengo la sensación de escribir no porque sepa qué voy a contar sino para saber que estoy contando. El día que no ocurra algo parecido a eso, que deje de ocurrir, me interesará poco escribir. Imagino que es eso a lo que te refieres con "oficio", a tenerlo todo controlado. No, me interesa poco, la verdad. Pero casi te diría que en cualquier oficio.

- No te interesa especializarte. Te interesa poco el oficio, tienes cierta ligereza de cascos narrativa y encuentras cierto placer en confundir la realidad con la ficción. ¿Podríamos decir que no te gustan demasiado las rutinas, Paul? ¿Siquiera narrativamente hablando?

- Las rutinas, cero. Pero eso no tiene nada que ver con, por ejemplo, la constancia o la dedicación, simplemente son camino diferentes, formas diversas de hacer las cosas. Que conste que admiro profundamente a los neurocirujanos o a los helenistas, yo que sé, o toda la gente que hace cosas que solo ellos podrían hacer. Pero no va conmigo. ¿Todo el tiempo lo mismo, siempre igual, las mismas cosas? Intento evitarlo, es verdad.

- Por eso no trabajas (escribes) con un horario rígido y por eso no te preguntaré en que proyecto estás trabajando sino en que proyecto estás pensando.
En que piensa ahora mismo Paul Viejo.

- No, no solo no escribo con un horario rígido, sino que incluso hay largas temporadas, largas, largas, en que ni siquiera lo hago. A mí me encanta cuando alguien dice "soy muy lento escribiendo", porque yo lo soy. Soy muy lento escribiendo, porque como te decía antes, rescribo mucho, pero sobre todo porque no lo hago. O no de manera sistemática. Es decir, hay varios proyectos abiertos, que voy toqueteando, ampliando o reduciendo, así que eso puede significar un libro nuevo dentro de unos meses o dentro de cinco años, y de verdad que no lo sé. Espero que el primero en cerrarse de verdad sea una novela llamada Vaho en el habla, pero mientras sigo escribiendo, pensando, perdón, en un libro que se llama Euforia y que todavía no tengo muy claro qué es, aunque parezcan cuentos.

Con cierta euforia vamos acabando la entrevista, nos levantamos y salimos a las calles de Milán para continuar la conversación (una que no se escribirá aquí) en algún otro local de la zona. Mientras andamos por la Vía Moscova e intentamos entrar en calor soplándonos los guantes y alzando los cuellos de nuestras chaquetas le digo a Paul Viejo que tiene que firmarme mi ejemplar del libro.

-No podemos olvidarnos de eso.

-Sería más sencillo si estuvieras aquí y no en Madrid y esta entrevista no hubiera que hacerla por correo-me responde.

Y yo pienso en que es cierto, la realidad es un problema. Al menos mi problema, y también el de Paul Viejo.

Enlaces de interés

Los Ensimismados

Los ensimismados

  • Autor: Paul Viejo
  • Editorial: Páginas de Espuma
  • Fecha de publicación: 01/2012
  • Número de páginas: 136
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