¡Viva la experiencia musical!
ENTREVISTADOR:Ángela Medina
15 de junio
(Barcelona, 1964). En 1998 graba “Música para un guateque sideral” . Ha sido nominado al Goya como mejor banda sonora por “Asfalto". Compuso BSO "Looking for Fidel" de Oliver Stone. Su último disco es “Vivan los músicos”, que recientemente ha sido premio Premio de la Música al mejor Álbum Fusión.
“La esencia de la música es la acción y reacción. Necesitas del otro músico y reacciones con lo que él hace. Esto hace que la música tenga riqueza expresiva.”
Hace unos meses subía de nuevo a un escenario, aunque esta vez fue para recoger el Premio de la Música al Mejor Álbum de Fusión. Una fusión a la que prefiere denominar integración y gracias a la cual diez músicos crearon artesanalmente once canciones que atrapaban la esencia de la música popular. Él es Nacho Mastretta y su disco ¡Vivan los músicos! es sólo una pequeña porción de su apetitoso pastel musical. Él mismo nos contó los ingredientes de su receta.
Fue en el año 2010 cuando un amigo y yo hicimos el experimento. Montamos en un coche y escuchamos Música de automóvil mientras avanzábamos por la Nacional II. Nos creímos aquello de que era un disco para escuchar sólo en la carretera. Y funcionó.
Se trataba del quinto disco de Nacho Mastretta, un catalán de nacimiento con corazón cántabro que hacía algunos años había dejado su trabajo como ingeniero de sonido en la Sala Sol para dedicarse exclusivamente a la música. Discos, bandas sonoras, música para anuncios y para desfiles… Si no es el coche, siempre hay un lugar en el que alguien alguna vez ha escuchado un tema de Mastretta. Pero sin duda, como mejor se escucha su música es en directo.
Del collage a la partitura abierta
Todo empezó con el regalo de una armónica. Hasta entonces, la música había entrado en casa en forma de discos de importación y en unos simples acordes de guitarra para cantar canciones populares en familia. Al pequeño Nacho se le daba bien aquello de inflar los mofletes y sus padres decidieron matricularle en el Conservatorio de Santander. "Un tiempo siniestro", así recuerda su experiencia rodeado de niñas, con un repertorio demasiado clásico y con los bustos de Franco y Beethoven vigilando sus progresos.
Después de aquella experiencia traumática que dejó sus secuelas - "Hasta hace unos diez años no he vuelto a oír música clásica" - el músico grabó su primer par de discos con su grupo de entonces, antes de marchar a la capital, donde desempeñó distintos trabajos hasta que se decidió a grabar su primer disco en solitario sin salir de casa. La experiencia de aquellos años definió su música y su evolución, desde el manejo del multipistas hasta la inserción de todos los músicos en el momento de la grabación. Mastretta no reniega de aquellos años - "La digitalización democratiza todos los medios. La calidad ya no es un handycap y puedes ser más exacto y perfecto técnicamente"- pero sí define fronteras y reconoce que el método hace que se diluya con cada repetición el sentido común de lo que implica la experiencia musical.
"La esencia de la música es la acción y reacción. Necesitas del otro músico y reaccionas con lo que él hace. Esto hace que la música tenga riqueza expresiva. Cambia totalmente la intención que le das. Con la digitalización se pierde paulatinamente la experiencia musical y se va convirtiendo en un simulacro de lo que sería tocar con otros músicos. Grabar en un multipistas es antinatural en cierto sentido, porque falseas el tiempo para acabar construyendo un collage musical."
Un pensamiento que se ve reflejado en su último disco, ¡Vivan los músicos!, en el que trabajaron diez músicos de diferentes estilos y nacionalidades durante cinco años, siguiendo un método de grabación del que permanecen alejadas las grandes estrellas de las discográficas: todos los componentes en un mismo espacio, siguiendo una partitura cuya intención es dar pistas para generar otras voces y poder llegar a crear una música que ni siquiera estaba escrita. El fruto es tremendamente rico y callejero, un homenaje a las melodías populares y a la música de taberna que incluso cruzaba las puertas de las iglesias.
Entre niños y dibujantes
Mastretta se recuesta en el sillón y enciende un nuevo cigarrillo mientras afirma que todo el mundo tiene oído. Retrocede en la historia musical hasta sentarse en un pupitre de una escuela griega para explicarme por qué no todos ponemos en práctica nuestro sentido. "Los griegos decían que antes de las letras había que enseñar la música". No es el inicio de un discurso filosófico, sino su apuesta por una educación en la que la música invada las aulas desde el primer día. "Te introduce en algo intelectual, te enseña a relacionarte con los demás, a ser humilde, a ser valiente…" Como amante de la música, colabora en la actualidad en este objetivo desde el interior del Museo Reina Sofía, donde a través de representaciones de música y danza explican a los niños el sentido de diferentes cuadros en un circuito en el que grandes y pequeños terminan siempre encantados.
La vuelta al mundo de los adultos tiene ahora forma de banda sonora, la de la nueva película de Óscar Aibar, "El Gran Vázquez", un biopic sobre el dibujante Manuel Vázquez cuya figura interesa al músico porque "representa de manera sólida la cultura popular". Mano a mano con Aibar y frente al piano, Mastretta ha vuelto a introducirse en un mundo en el que juega y enreda. Las piezas, el timbre, el tono… Elementos que poco a poco se irán integrando a los colores, la luz, el movimiento de los actores y el ritmo de montaje recogidos en la cinta en uno de los momentos que más le motivan: la reunión con todos los músicos para interpretar.
Porque por encima de todas las cosas que sabe hacer con su toque personal, prima el momento justo en el que la pieza está lista y empieza a sonar la música, ya sea en una película, en uno de sus directos cargados de complicidad con el público o en las clases de Ritmo y Composición en el Hotel Kafka, donde él mismo define su función como "la clase de tocar juntos."
En el horno
Llega el momento de la despedida. ¿Cuándo nos volveremos a ver? No hay duda de que será pronto. Las piezas para un nuevo disco ya están listas y le carcome la curiosidad de saber cómo sonarán en orquesta. Además, en otoño aparcará por unos pequeños instantes el clarinete - su instrumento favorito - para presentar su primer libro con Península sobre la música (cómo no) y los aspectos que han cambiado en los últimos años por la influencia tecnológica y de los medios de comunicación. "Por ejemplo, el micrófono. Gracias a él, la música pudo difundirse a través de la radio y cambiar la relación del pueblo con la música".
Me atrevo a pedirle una definición de música antes de que cada uno marche por caminos opuestos de la acera: "Es un conjunto de sonidos que te producen la sensación de que el tiempo queda detenido y el espacio se llena de cosas".
Sonrío y nos despedimos.
La novela ganadora del último Premio Torrente Ballester.
La misteriosa desaparición de una mujer, internada en un hospital psiquiátrico.