Fotografías singulares
ENTREVISTADOR:Rubén Sáez / César González Álvaro
29 de junio
Javier Herrero (Madrid, 1962), pintor y fotógrafo, ha realizado multitud de exposiciones y lleva más de veinte años realizando proyectos editoriales para publicaciones como Pantalla3, Visión3 o Redes&Telecom. Actualmente es director de Arte y redactor de la sección de cultura de la publicación semanal “El Periódico de la Publicidad”.
“Quería enfrentarme no sólo a la mirada que puedo dirigir yo, como fotógrafo, a la persona retratada, sino además a la que el propio modelo quiere desprender de sí mismo ante los demás”
ÁMBITO CULTURAL: En su última exposición, Singulares, que podemos ver actualmente en el Hotel Kafka, nos muestra lo que llama "retratos de doble dirección". ¿Puede explicarnos este concepto?
JAVIER HERRERO: Quería enfrentarme no sólo a la mirada que puedo dirigir yo, como fotógrafo, a la persona retratada, sino además a la que el propio modelo quiere desprender de sí mismo ante los demás. En la práctica, solicité a cada uno de los fotografiados que, aparte de sus manos, me mostrara aquello que sentía de alguna manera como más representativo de sí mismo, como identificativo de su personalidad. Para unos, sus ojos, para otros sus pies. Otros eligieron su espalda o sus piernas…
AC: Su obra parece responder a una constante búsqueda de espacios híbridos, lugares donde la imagen se desprende de las ataduras del formato y fluye con libertad del lienzo a la fotografía, del dibujo al collage…
JH: Creo que la labor de un artista es la de mostrar paisajes con una luz distinta de la habitual, convertir el acto de mirar en una nueva manera de ver a través de los ojos de quien realiza la obra. Es algo muy ambicioso y quizás algo soberbio, pero puede que esto sea propio del arte. No creo que deban existir barreras técnicas a la hora de expresarse; son las propias obras las que marcan el camino plástico a seguir.
AC: En la serie Singulares encontramos dos temas recurrentes: el desnudo y la representación de las manos. ¿Por qué eligió estos temas en concreto?
JH: El único recurrente es el de las manos. Todos muestran las suyas casi como si fuera su DNI vital. En ellas quiero buscar sus vivencias emocionales, profesionales, sus edades, casi sus deseos. Por otro lado, es curioso lo que llama la atención el desnudo cuando alguien se atreve a mostrar el suyo. Quizás haya más gente de la que imaginamos a la que le gustaría atreverse a mostrar su cuerpo sin vergüenza.
AC: Todas las imágenes que forman Singulares están cargadas de emociones y también de cierta tensión. Pero quizá lo más sorprendente es su capacidad de sugerencia, los múltiples significados que podemos hallar en cada fotografía…
JH: Es eso lo que quería expresar antes. La imagen final de los retratados surge de lo que a mí me sugiere cada uno de ellos, de sus misterios, de su relación con mis antecedentes culturales y emocionales. Pero es la mía. Cada observador puede que vea algo diferente y eso, a la vez, me emociona. Me encantaría escuchar la infinidad de sensaciones -buenas o malas- que la gente puede sentir al ver mis obras.
AC: Ha realizado varias exposiciones de pintura, dibujo y fotografía. ¿Con qué formato diría que se encuentra más cómodo?
JH: Como dije antes, cada idea creativa va seguida de un trabajo diferente, adecuado a sus características. Es cómodo, si es a lo que se refiere, ir con la cámara de fotos en el bolsillo y atrapar en cualquier momento y lugar aquello que te atraiga. Pero eso es sólo el acto de atrapar la idea de la que parte la obra. Después llega el trabajo más recogido, que como los otros campos, requieren de mayor intimidad y dedicación.
AC: En el espectáculo Boleros, cartas de amor y desamor participó con una serie de diapositivas que se proyectaban en escena. ¿Cómo fue la experiencia?
JH: Fue una experiencia muy estimulante. Normalmente, mi trabajo es solitario y en aquel espectáculo trabajé junto a muchas personas para hacer un trabajo colectivo que incluía muchas artes. Fue la cantante venezolana Edith Salazar quien me llamó para colaborar con ella y me encantó. El resultado final en la sala de teatro es mucho más directo que el de una exposición, con los aplausos del público y las emociones mucho más vivas y más fácilmente expresadas por quien observa la obra.
AC: Parece que la fotografía se encuentra desde hace cierto tiempo en un momento "dulce". Cada vez encontramos mayor cantidad de exposiciones, nuevos artistas con una mirada original y diferenciada, etc. ¿A qué cree que se debe este renacer?
JH: El entrecomillado es correcto. Hay más salas y artistas que se atreven con la fotografía. Por otro lado, la tecnología digital, ha permitido que se expanda sin límite, tanto a nivel técnico como expresivo. Sin embargo, tiene un lado oscuro. Esa misma expansión -todo el mundo tiene una cámara- hace que se siga viendo como una obra menor en relación a la pintura u otras artes. Al menos en Madrid la fotografía vende muy poco, aunque bien es cierto que es bien recibida en las exposiciones (tendré que visitar otras ciudades).
AC: Además de su obra plástica, usted es diseñador gráfico editorial. ¿Cómo ve el sector?
JH: En el fondo, como siempre. Llevo veinte años en la profesión y lo más llamativo es la mejora de la tecnología como herramienta de trabajo. El resto es un continuo bucle que recicla una y otra vez con nuevos focos lo que ya se ha experimentado cuando el diseño se hacía con rotring y letraset. Sólo con echar una mirada a algunas revistas de los años 60 y 70, a algunas portadas de libritos de teatro de los años 30 o a publicidades de hace cuarenta años entenderán porqué digo esto. Las vanguardias siguen inspirando y la libertad creativa que había en los 70 se ha perdido hoy día por no se sabe qué autocensuras sociales. En fin… quizás lleguen nuevos tiempos.
La misteriosa desaparición de una mujer, internada en un hospital psiquiátrico.