Rubén Sáez
Madrid 13/09/2009Le Carré está de regreso. Y está muy cabreado. Con casi ochenta años cumplidos y cinco décadas de carrera literaria a las espaldas, el famoso ex-espía sigue escrutando las miserias del mundo desde su refugio de Land’s End, al suroeste de Inglaterra, y lo hace volviendo, como siempre, al lugar de los hechos.
Hamburgo, ciudad donde el escritor pasó, al parecer, sus escasos seis años en el Servicio Secreto Británico, está ansiosa por cobrarse una deuda de sangre o, más precisamente, por reparar un error colosal. La vergüenza producida por el escandalosamente ineficaz servicio secreto alemán, incapaz de detectar a Mohammed Atta y los suyos en el cruce de caminos de la antigua Ciudad Imperial Libre, es el meollo de El hombre más buscado, un libro que responde a los imperativos de un género creado y llevado a su máxima expresión por el propio Le Carré y caldo de cultivo de algunas de las más gozosas obras de los últimos cincuenta años.
Entre los ingredientes con que Le Carré cocina este guiso brillante y extraordinariamente incómodo no falta, por supuesto, de nada: un inmigrante ilegal, Issa, mitad checheno, mitad ruso, creyente de un Islam macarrónico y poseedor de una llave de acceso a una fortuna legada por su padre, un antiguo coronel de la KGB que trabajaba para La Casa; Annabel Richter, una abogada de buena familia, entregada defensora de inmigrantes que arrastra por el puerto de Hamburgo una mochila llena de mala conciencia; Tommy Brue, un flemático banquero inglés que descubre en los sótanos de su empresa unos fondos oscuros de nombre revelador ("Lipizzaner", los caballos que nacen negros y se vuelven blancos con la edad) ante la última oportunidad romántica de su vida; unos servicios secretos, en fin, espoleados por el paranoico miedo imperial y a la caza de cualquier posible premio en forma de supuesto terrorista y un memorable agente alemán, Gunther Bachmann, que sólo busca hacer su trabajo en medio de todo este lío.
Después de la caída del muro, anticipado con preclara brillantez en La casa Rusia (1989) parecía que los libros de espías andaban a la búsqueda de reciclaje; que La Guerra Fría, un subgénero literario en si mismo gracias a escritores como Len Deighton, Derek Marlowe o Charles Macri, daba sus últimos coletazos como generadora de historias; y que el propio Le Carré se embarcaba en su particular huida hacia adelante, reflejada en los exóticos escenarios de sus últimos trabajos (El jardinero fiel,La canción de los misioneros) y en el explícito y nostálgico canto de sirenas de El peregrino secreto o Amigos absolutos. Pero no, nada más lejos: Le Carré no ha dejado de ser ese maravilloso cabezota empeñado en indagar en un mundo moralmente desdeñable, donde el Bien se obtiene a través de su contrario y donde los héroes no existen, pues todos nadan en las mismas aguas empantanadas.
Bachmann, quizás el mejor personaje de la novela, quien "a los 30 años ya había navegado, hecho una expedición al Hindu Kush, estado en la cárcel en Colombia y escrito una novela impublicable de mil páginas", marca la pauta de una novela que es también una mirada retrospectiva a la propia obra del autor de La chica del tambor. Los espías de El hombre más buscado, más cínicos, más osados, más despiadados, convierten a los viejos chicos de Le Carré (Connie Sachs, Toby Esterhase, Bill Haydon, pero sobre todo a su mejor creación, el legendario George Smiley) en espías de otro tiempo, uno quizás más heroico, seguramente menos maniqueo. Ambos, los viejos espías y los nuevos defensores de la libertad, conviven en El hombre más buscado, una obra de prosa impecable y detallista con la que Le Carré regresa a la senda de sus mejores novelas y a un terreno que conoce como nadie.
Y el resto está a la envidiable altura del maestro David John Moore Cornwell, verdadero nombre de John Le Carré, el mejor pintor de escenas que jamás he leído, el responsable de una extensísima lista de obras extraordinariamente adictivas, el autor de la trilogía de Karla (El topo, El honorable colegial, La gente de Smiley), el escritor cabreado, el calderero, el sastre, el soldado, el espía.
“Le Carré no ha dejado de ser ese maravilloso cabezota empeñado en indagar en un mundo moralmente desdeñable, donde el Bien se obtiene a través de su contrario y donde los héroes no existen.”
“Los viejos espías y los nuevos defensores de la libertad, conviven en El hombre más buscado, una obra de prosa impecable y detallista con la que Le Carré regresa a la senda de sus mejores novelas y a un terreno que conoce como nadie.”