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viernes, 10 de septiembre de 2010 - 13:40

Cazadores de cuerpos

La experimentación farmacéutica con los pobres del mundo

Pablo Chul

09/03/2009

Como se encarga de decirnos John Le Carré en el prólogo del mismo, Cazadores de cuerpos es, más que un libro, un acto de valentía.

La investigadora Sonia Shah, una de las voces más activas y claras en la denuncia de las prácticas ilícitas de las multinacionales médicas, agrícolas y petroleras, presenta en "Cazadores de cuerpos" un informe demoledor sobre la experimentación farmacéutica con seres humanos en países pobres.

En principio, la práctica médica exige que la eficacia y la seguridad de los fármacos estén garantizadas por experimentos hechos en sujetos humanos. Tales pruebas son costosas (cada nuevo medicamento debe probarse en cuatro mil sujetos y superar ciento cuarenta y una fases) y deben estar sujetas al control de organismos independientes, rigurosos y éticamente incorruptibles.

Hasta aquí todo suena bien.

 

Pero la realidad es bien distinta; y apesta, pues en la carrera de la industria farmacéutica por abaratar costes y aumentar beneficios hay chantajes, abusos, sobornos y muertos. Tal como cita un investigador del VIH citado en el libro, <<aprendemos trepando por encima de cadáveres>>. Sonia Shah, con una argumentación aguda y precisa, nos lleva de paseo desde el laboratorio a las chabolas, y de las chabolas a la farmacia. El viaje tiene tres estaciones.

 

Primera: en paralelo a los comités de ética médica que luchan por la transparencia en los ensayos con seres humanos, la industria farmacéutica trabaja con fuerza para destruir cualquier obstáculo legal o moral que pudiera -aún remotamente- comprometer sus beneficios billonarios. Este libro muestra cómo la relación de las farmacéuticas con la ley y la opinión pública es, en realidad, un pulso en el que poco a poco la legislación se va volviendo flexible y la prensa dócil. Pese a los escándalos históricos de Tuskegee o al caso de la talidomida, que la autora documenta rigurosamente, la confianza del consumidor occidental en la buena fe de la industria farmacéutica parece no debilitarse. No queremos saber si la Declaración de Helsinki se respeta: queremos viagra.

 

Segunda: para ahorrar costes, las empresas farmacéuticas deslocalizan y subcontratan sus ensayos con seres humanos a países en vías de desarrollo como Haití, Zaire, India, Nigeria, Zambia, Tailandia, Sudáfrica o la Europa del Este, donde es fácil encontrar poblaciones pobres y analfabetas, dispuestas a participar en casi cualquier experimento a cambio de muy poco dinero o, sencillamente, de alimento. Animados por la falta de control, los intermediarios no dudan en violar las ya de por sí debilitadas convenciones que protegen a los coballas humanos, lanzándose sin freno ni supervisión tan lejos como les lleva la codicia: experimentan sin consentimiento, hacen ensayos letales con placebos, usan fármacos ilegalizados, prueban tratamientos de segunda para epidemias que se podrían evitar y niegan atención primaria a poblaciones enteras a las que, en el fondo, interesa ver morir. Sale barato, sucede lejos y los afectados no denuncian.

 

Y tercera: con un poco de ayuda de parte de los médicos y de la publicidad, de vuelta a casa hay que luchar por el cliente. Sonia Shah muestra cómo la industria crea necesidades específicas -los capítulos sobre el colesterol, los antihistamínicos, la hipertensión y el Prozac son ciertamente extraordinarios- para alentar la demanda de los consumidores. Y lo hace bien, sin duda, pues cada vez que pedimos una pastilla por su nombre comercial y no por su principio activo, suena la caja registradora de una empresa con las manos manchadas de sangre.

 

Gracias a libros como éste, empero, el velo que oculta esta realidad parece alzarse poco a poco y, no en balde, "Cazadores de cuerpos2 se cierra con un buen puñado de esperanzadores ejemplos de buena praxis y compromiso que hacen creer que la balanza, si bien tímidamente y con terribles retrocesos, se incline poco a poco hacia un futuro más transparente y, por supuesto, ético.
Cazadores de cuerpos

“Cada vez que pedimos una pastilla por su nombre comercial y no por su principio activo, suena la caja registradora de una empresa con las manos manchadas de sangre.”

“No queremos saber si la Declaración de Helsinki se respeta: queremos viagra.”

Enlaces de interés

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Cazadores de cuerpo

  • Autor: Sonia Shah
  • Editorial: 451
  • Número de páginas:342
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