Rubén Sáez
Madrid 30/09/2009No son muchos los grandes temas de la literatura, pero quizás sólo hay uno que nunca parece agotarse por entero.
Casi siempre que hablamos de un gran libro, su presencia o ausencia marcan inevitablemente el trayecto de la lectura y, por eso, cuando se ha abordado directamente, han alumbrado algunas de las obras más hermosas que jamás se hayan escrito. Y es que, al tratar del amor, todos creemos saber de qué nos hablan, aunque nuestras experiencias de él no sean (no puedan ser) idénticas. La propia palabra las unifica mágicamente: Amor, una palabra poderosa. Quizás sea por eso que los libros que hablan de él, o que lo utilizan, escamotean a veces la pregunta de qué diablos es el amor. No es el caso de este libro, porque Begoña Huertas ha decidido hacerle esa pregunta al lector, y eso es algo que merece la pena reseñar. Huertas ha demostrado que se le puede dar otra vuelta de tuerca al amor, recordándonos que es la mirada que se ejerce sobre él la que decide, en definitiva, si una obra merece la pena. Lo ha hecho, además, exponiendonos a un recorrido en el que inevitablemente acabamos reconociéndonos.
En el fondo. Pide una copa, paga Proust, nos coloca en las penumbras de un club de jazz, un lugar desde el que observar a unos personajes de los que poco a poco iremos sabiendo demasiadas cosas. Entre el humo y el tintineo de las copas, oiremos la historia del pobre Ramiro, un hombre medroso y aburrido que no sabe enfrentarse a la vida; o la de la chica del sofá, educada para gustar y sentirse querida, junto a otras historias que tienen al amor (el no correspondido, el inventado, el de conveniencia, en fin, todos) como centro significante de todas ellas. Y es así, sutilmente y en un sugerente susurro, como irá configurándose y cobrando sentido el mosaico de todas las cosas que incluimos en el vocablo, y como descubriremos (pues así nos lo dice la voz que narra estas historias) que hablar del amor no tiene, al fin y al cabo, mucho sentido, pues "es la historia más vieja delmundo (…), la historia más tonta."
En el fondo está concebido como un libro de relatos que poco a poco configura una novela; juega, además, con citas literarias de grandes autores (Marguerite Yourcenar, Thomas Hardy, Kierkegaard, Dorothy Parker…) que se integran en el relato estableciendo un diálogo que va tejiendo habilmente la narración. A través de este brillante entramado apenas perceptible, el libro expone con amarga crudeza lo que pocas veces se ha dicho con tanta maestría: que el amor no puede ser un concepto homogéneo; que, en el fondo, nada sabemos sobre él; que lo confundimos con la dependencia, el orgullo o la necesidad, sin darnos cuenta de que sólo son ingredientes que configuran la receta. "Es difícil distinguir los sentimientos reales de los forzados a voluntad", "discernir lo esencial de las circunstancias", leemos. Y escuchamos esa voz dura y hermosa que nos susurra en el oído: "Yo nuca dije que esto fuera a ser fácil, ni que nos llevara a ningún sitio".
"Huertas ha demostrado que se le puede dar otra vuelta de tuerca al amor, recordándonos que es la mirada que se ejerce sobre él la que decide, en definitiva, si una obra merece la pena."
"A través de un brillante entramado apenas perceptible, el libro expone con amarga crudeza lo que pocas veces se ha dicho con tanta maestría."