Tomando como punto de partida Psychocandy, el famoso disco de The Jesus and Mary Chain, el grupo neoyorquino Magnetic Fields presenta su último trabajo...
Sabida es la tendencia de Stephen Merritt -cantante, fundador y cerebro de Magnetic Fields- a construir discos conceptuales, álbumes que giren en torno a una idea central que guíe las canciones y otorgue una clara unidad. Si en 69 love songs, su antepenúltimo trabajo, era el amor, 69 canciones de amor, un ejercicio elefantiásico en el que pocos confiaban que pudiera llegar a realizarse, y en el siguiente disco, i, 14 temas que comenzaban por la letra "i", en este nuevo trabajo que Magnetic Fields acaba de sacar al mercado, Distortion, es el feeback, la distorsión que se ha aplicado hasta conseguir un sonido metálico y lleno de ecos.
El recurso de la distorsión es, claro, un recurso formal, un artificio que ha generado no pocas críticas en relación con el estilo del grupo, con su identidad, pero a nuestro parecer es un artificio que resulta acorde con las letras de Distortion, unas letras en las que reina una ira acumulada que desemboca en una violencia explícita, una angustia que no tiene nada de existencial -o no a priori- pero que es igual de desgarradora. El feedback amplia la sensación de opresión y resulta así mismo consecuente con la frialdad con que están tratadas esa violencia y esa angustia, una frialdad irónica y sarcástica, como siempre ha sido marca de la casa. Para Merritt, la ironía "es fundamental, significa que hay más de un significado en una misma expresión" y asegura que "si no hay ironía, no hay arte. O el arte no tiene significado, o casi no lo tiene".
Resultado de estas ideas que podría haber firmado perfectamente Marcel Duchamp, encontramos en este disco temas como "California Girls", una canción antitética del archiconocido éxito de los Beach Boys y en la que una mujer, oprimida por la imagen ideal de mujer que representan esas perfectas y bronceadas adolescentes que parecen "jóvenes por siempre", explica el odio que siente hacia ellas y sus futuros planes de perseguirlas y atacarlas con un hacha. Y si en "California Girls" el objeto de la ira y la ironía son estas adolescentes, en "Zombie boy" es el sexo, las relaciones y perversiones sexuales, simbolizadas por un personaje que le habla a un zombie con intención de lograr algún tipo de gratificación sexual.
Las letras de Distortion, como vemos, son exageradas, con unos personajes histriónicos que parecen sacados de algún
libro de Boris Vian como Escupiré sobre vuestra tumba o Que se mueran los feos, lo que hace que prime la diversión, una diversión perversa, un humor negro bajo el cual siempre existe un drama de mayor calado.
En principio, todos los temas del álbum iban a ser interpretados por el propio Merritt, pero finalmente decidieron que la mitad los cantase Shirley Simms, que ya había sido invitada a acompañarles en 69 love songs, lo que ha sido un completo acierto. Simms consigue darle otro aire al disco y definir el género de los protagonistas de las canciones, algo que no estaba claro cuando solo había una voz principal.
Según Merritt, el punto de partida de Distortion hay que buscarlo en The Jesus and Mary Chain y en su álbum Psychocandy, "el último hecho importante en producción musical". La intención del grupo era "sonar más como The Jesus and Mary Chain que The Jesus and Mary Chain" y lograr incorporar este disco, deconstruirlo y reconstruirlo, a la "realidad pop de Magnetic Fields, donde tenemos piano, violonchelo y un acordeón ocasional".
El resultado final ha sido más que óptimo: trece canciones sencillas, rápidas -en torno a tres minutos cada una de ellas-, pegadizas e irónicas; trece canciones que hacen que este Distortion esté llamado a ser uno de los grandes éxitos del año.