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Espacio de cultura de El Corte Inglés

lunes, 06 de septiembre de 2010 - 07:42

Dylan sobre Dylan

31 entrevistas memorables

Rubén Sáez

Madrid 05/02/2009

Considerado (con razón) como una de las personalidades más esquivas y enigmáticas de la música folk americana, las entrevistas concedidas por esta leyenda viva de la música han sido, como poco, escasas en sus más de treinta años de carrera.

Ahora, el periodista de Rolling Stone Magazine Jonathan Cott, uno de los mayores expertos en la música y la carrera de Dylan, ha recopilado 31 de esas entrevistas concedidas por el artista entre los años 1962 y 2004 y que recorren la práctica totalidad de su periplo artístico, desde sus inicios como figura del folk más comprometido y contestatario hasta su reconversión al rock guitarrero y sus incomprensibles coqueteos con el Vaticano. Es, desde luego, una oportunidad única para sus millones de fans, pues no olvidemos que Robert Allen Zimmerman, el hombre que hace casi cincuenta años se presentó con una guitarra y una armónica como único equipaje en el Village neoyorquino, es algo más que un simple músico o cantante.

Entre las piezas recopiladas, Cott ha incluido las seis entrevistas publicadas por Rolling Stone (revista en la que trabaja como editor adjunto desde su fundación), una legendaria conversación con Nat Hentoff (Playboy, 1966), un brillante mano a mano con Sam Shepard publicado en forma de diálogo teatral (Esquire, 1987) y, last but not least, la inverosímil conversación entre el cantante con A.J. Weberman, ministro de defensa de un alucinante Frente de Liberación Dylaniano (East Village Other, 1971) e inventor del llamado "Dylanismo".

Organizadas cronológicamente, las entrevistas iluminan los cambiantes puntos de vista de Dylan sobre la vida, la música y su propia carrera. Así, los lectores podrán disfrutar con el joven Dylan y su altiva pose de estrella ("Realmente no soy la persona adecuada para recorrer el país salvando almas", dice a Playboy en 1966) pero que continua molesto con su posición mientras se convierte en uno de los músicos más influyentes de la historia ("Si no fuese Bob Dylan yo mismo pensaría que Bob Dylan tiene muchas respuestas"). A quien no conozca la controvertida personalidad de Dylan, quizás les sorprenda la inquebrantable confianza en sus propios instintos musicales a pesar del rechazo de colegas, críticos y fans. "Pueden abuchearme hasta el fin de los tiempos. Yo se que la música es real, mucho más real que sus abucheos", confesará a Nora Ephron después de ser abucheado durante su debut eléctrico en 1966 en el Royal Albert Hall de Londres.

A través de las casi 500 páginas de este libro editado magistralmente por Global Rhythm, descubriremos muchas cosas pero, sobre todo, confirmaremos lo que ya sabíamos. Después de una treintena de álbumes "oficiales", más de quinientos conciertos, cuatro mil referencias bibliográficas, centenares de películas documentales y apariciones televisivas, seguimos sin poder descifrar el enigma de Bob Dylan, un hombre "elusivo, oblicuo, voluble y siempre en movimiento", como lo define el autor, Jonathan Cott, alguien que "se ha resistido tanto en su vida como en su trabajo a ser categorizado, encapsulado, fijado, convencionalizado, canonizado y deificado".

Resulta fascinante observar la evolución de este Dylan contradictorio y cambiante, a ratos amable y a ratos imbuido de la pose arrogante de cualquier otra estrella del rock. Al educado y sincero muchacho de 1963 ("Cualquier cosa en la que valga la pena pensar merece ser cantada"), le sucede el irascible Dylan de los últimos años de la década ("Es horrible. Apuesto a que Tony Bennet no tiene que pasar por este tipo de cosas. Me pregunto lo que habría respondido Billy El Niño a una pregunta como esa.") para, desde 1969 a 1978, mantener un enigmático silencio que coincide con un extraño paréntesis profesional de siete años durante el que no realizó ninguna gira y no ofreció más que un único concierto completo. A su regreso, al comenzar la etapa más desconocida e incomprendida de su carrera (de 1974 a 1986), Dylan aparecerá más maduro y expansivo, dispuesto a hablar con seriedad sobre su oficio. Por supuesto, no hablará siempre sobre aquello que interesa al entrevistador, pero demostrará tener mucho que decir.

Los momentos más interesantes del libro proceden de aquellas oportunidades en que los periodistas se atreven a pedirle una interpretación de sus propios temas. Dylan protesta, jurando que las canciones fueron escritas para ser cantadas, no discutidas ("Nunca escucho mis discos. Una vez que salen, se acabó. No los quiero escuchar más") pero, aún así, ofrece algunas pistas sobre sus temas más memorables. Sus cambios de humor, su actitud combativa o colaboradora, depende en última instancia de la persona que le hace las preguntas. La elección de las entrevistas tiene mucho que ver con esto, pues Cott elige no solo a gente de prestigio como Studs Terkel o a buenos escritores como Sam Shepard, sino a admiradores del Dylan cantante, músico o filósofo y también del rebelde, del icono de la contracultura, de alguien capaz de enfadar a sus fans con su giro eléctrico hasta el punto de ser llamado "Judas" y también de reivindicar su absoluta independencia e individualidad ("Si tratas de ser cualquier otro que no seas tú, fracasarás. Si no eres leal a tu propio corazón, fracasarás. Aunque no hay ningún éxito como el fracaso".). En un momento particularmente franco, muy cerca del final del libro, Dylan parece querer pasar el testigo a las jóvenes generaciones. Cuando Mikal Gilmore (Rolling Stone) le pregunta su opinión sobre los acontecimientos del 9/11 y sobre el mundo después de aquella tragedia, simplemente citará unos versos de Kipling: "Terminamos con la Esperanza y el Honor, estamos alejados del Amor y la Verdad./ Caemos por la escalera peldaño a peldaño/ y la medida de nuestro tormento es la medida de nuestra juventud./ ¡Que Dios nos ayude, porque conocimos lo peor siendo muy jóvenes!".

Y es que así es Dylan, uno de los personajes más apasionantes y complejos de la historia de la música, un virtuoso musical que se niega a aceptar el papel de guía espiritual que sus fans intentaron imponerle ("Esa posición la podría ocupar otro. Yo me dedico a la música, tío") y, por encima de todo, un músico ecléctico y revolucionario empeñado en guardar bajo llave los secretos de su intimidad mientras reivindica ferozmente su extrema, única y asombrosa individualidad.

 
Dylan sobre Dylan

Bob Dylan

“Organizadas cronológicamente, las entrevistas iluminan los cambiantes puntos de vista de Dylan sobre la vida, la música y su propia carrera.”

“Los momentos más interesantes del libro proceden de aquellas oportunidades en que los periodistas se atreven a pedirle una interpretación de sus propios temas.”